Lecturas del día

Lecturas del Viernes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

Filipenses 3,17-4,1/Sal 121,1-2.4-5/ Lucas 16,1-8
Santoral: 
San Alejandro de Sauli, Obispo, San Leonardo

PRIMERA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3,17–4,1

Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mí corona, manteneos así, en el Señor, queridos.

Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL

Sal 121,1-2.4-5

R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

EVANGELIO

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16,1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: “¿Es cierto lo que me han dicho de ti?  Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador”.  Entonces el administrador se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo?  No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna.  Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan”.  Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo.  Al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi amo?” El hombre respondió: “Cien barriles de aceite”.  El administrador le dijo: “Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta”.  Luego preguntó al siguiente: “Y tú, ¿cuánto debes?”  Éste respondió: “Cien sacos de trigo”.  El administrador le dijo: “Toma tu recibo y haz otro por ochenta”.  El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».

Palabra del Señor.