
Ecle 1,2-11 / Sal 89,3-4.5-6.12-13.14 y 17 (R..: 1) / Lc 9,7-9
PRIMERA LECTURA
Nada hay nuevo bajo el sol.
Lectura del libro del Eclesiastés 1,2-11
¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet;
vanidad de vanidades, todo es vanidad!
¿Qué saca el hombre de todas las fatigas q
ue lo fatigan bajo el sol?
Una generación se va,
otra generación viene,
mientras la tierra siempre está quieta.
Sale el sol, se pone el sol,
jadea por llegar a su puesto
y de allí vuelve a salir.
Camina al sur, gira al norte,
gira y gira y camina el viento.
Todos los ríos caminan al mar,
y el mar no se llena;
llegados al sitio adonde caminan,
desde allí vuelven a caminar.
Todas las cosas cansan
y nadie es capaz de explicarlas.
No se sacian los ojos de ver
ni se hartan los oídos de oír.
Lo que pasó, eso pasará;
lo que sucedió, eso sucederá:
nada hay nuevo bajo el sol.
Si de algo se dice:«Mira, esto es nuevo»,
ya sucedió en otros tiempos
mucho antes de nosotros.
Nadie se acuerda de los antiguos
y lo mismo pasará con los que vengan:
no se acordarán de ellos sus sucesores.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 89,3-4.5-6.12-13.14 y 17 (R..: 1)
R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.
EVANGELIO
A Juan lo mandé decapitarlo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,7-9
En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?»
Y tenía ganas de ver a Jesús.
Palabra del Señor.
