Camino hacia Dios Misericordia

267. El abrazo del Padre. El don de la Reconciliación

 

    

 

¡Qué mejor cita para reflexionar en la reconciliación con Dios, que la cita del hijo pródigo!


El corazón se conmueve de ver el amor de un padre, que sólo quiere el regreso de su hijo. Un hijo que lo perdió todo, por negligencia, pero que viene a su padre, harapiento, desolado. Él conoce la bondad del corazón de su padre, sabe que lo recibirá, por eso le pedirá: “trátame como a uno de tus jornaleros”. ¡Cuál habría sido su asombro al ver que no fue así! ¡Lo recibió no como a su jornalero, sino como a su hijo!

 

1. Sobrevino un hambre extremo…

“Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.”

El hijo pródigo, teniéndolo todo en la casa del padre, decide ir en búsqueda de una vida distinta, donde el placer y una vida libertina sería el centro. Al perderlo todo, sabe que no puede reclamar nada porque él mismo ha despreciado y negado la vida que tenía en la casa de su padre. ¡Él renunció a todo!

Cuánto nos parecemos, muchas veces, a este hijo pródigo. Renunciamos a la paz y realización que nos ofrece el hacer el bien, viviendo junto al Padre, convirtiendo nuestra vida en un sinsentido, buscando llenarla quizá con entretenimientos; quizá exceso de trabajo, quizá con placeres lícitos e ilícitos. Todo con el fin de una búsqueda de satisfacción personal, de emociones externas, o de salir de nosotros mismos, para no escuchar esa voz interior que nos habla de nuestra experiencia de vacío por estar lejos de Aquel, que es más íntimo que nosotros mismos.

Efectivamente, muchas veces sentimos un “hambre extremo”, por nuestras actitudes irresponsables o por nuestros pecados personales, que nos alejan de la felicidad ofrecida por el Padre a todos sus hijos.

 

2. Entrando en sí mismo dijo…

 

“¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”.

El dolor extremo ayudó al hijo pródigo a tomar conciencia de su situación de postración. Este momento es para él, el encuentro consigo mismo. Tomó conciencia de su responsabilidad y afloró su nostalgia por la casa paterna perdida. Entonces, empezó a sentir arrepentimiento.

¡Qué importante es salir de la mentira existencial! De tomar conciencia de nuestra real situación, de no engañarnos a nosotros mismos, de darle nombre a lo que vivimos. Esta toma de conciencia va de la mano con el reconocer la responsabilidad que tenemos de nuestros actos: “Padre pequé contra el cielo y ante ti”. Reconocer que no son los otros los responsables de mis propias decisiones.

Este momento es fruto de la acción providente del Padre que nos inspira el deseo del retorno a su casa. Importante el abrir el corazón con humildad, para acoger esta moción que nos quiere traer de regreso a Él.

La nostalgia de la reconciliación y la reconciliación misma serán plenas y eficaces en la medida en que lleguen —para así sanarla— a aquella laceración primera, que es la raíz de todas las otras, la cual consiste en el pecado. – San Juan Pablo II

 

3. Y, levantándose, partió hacia su padre…

El dolor purificante del arrepentimiento por los propios pecados, llevó al hijo pródigo a la decisión personal de levantarse y realizar la acción de ir en la búsqueda del padre.

Es que el arrepentimiento libera y llena de luz la propia conciencia. Con él, se aclara la oscuridad que nubla el entendimiento y los sentimientos por los pecados cometidos. El haber dejado las pesadas cargas de la mentira existencial, nos disponen a la búsqueda del bien deseado en lo hondo del corazón.

Este acto solo puede brotar de nuestra decisión personal de querer cambiar. Es por esto tan necesario esos momentos de silencio y de soledad, para encontrarnos con nosotros mismos y escuchar la voz de Dios que habla en nuestro interior que eleva nuestro corazón hacia la verdad, lo bueno y lo bello. Es Él quien nos dará la fuerza para realizar el acto de levantarnos y cambiar de rumbo.

¿Cómo puedes “levantarte” para mejorar tu vida cristiana? Con tu familia, en el trabajo, amistades… ¿Qué pensamientos, sentimientos son necesarios que cambies?

 

4. Conmovido, el padre corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente…

“El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed a prisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado”. 

Al padre nadie le avisa que su hijo está de retorno. Él mismo es quien primero le ve y reconoce. Él lo esperaba…

¿Qué sentiría el padre al ver a su hijo, en condición de indigencia? Y no sólo eso sino con un corazón dolido por las acciones cometidas. El hecho es que, desbordando de amor, busca que se sienta acogido, con todas las acciones que puede ofrecerle y sobre todo: “se echó a correr y le besó efusivamente”, gesto sublime de perdón y de reconciliación.

En el hijo pródigo estamos todos representados. ¡Cuántas veces regresamos a Dios, harapientos, desvalidos, luego de habernos alejado de Él! Tratando de hacer nuestras vidas sin Él, pues olvidamos que de Él nacemos y que hacia Él volveremos al final de nuestra vida terrena y que sin su presencia nuestras vidas carecen de sentido.

¡Y cuántas veces nos hemos encontrado con ese amor incondicional del Padre! Que nos acoge con su amor misericordioso, que nos perdona y nos da una nueva oportunidad.

Con esta parábola, Jesús nos muestra el corazón del Padre. Él es el padre amoroso, que sólo quiere, si nos hemos alejado de Él, nuestro arrepentimiento, nuestro retorno, para brindarnos su perdón.

El Padre, corre hacia nosotros en cuanto atisba, en la lejanía, nuestro más pequeño deseo de volver ¿Qué le quieres decir hoy día? ¿Le quieres agradecer, ofrecerle algo, por tanto amor por ti?

 

5. ¿Cuál es La lógica del abrazo del padre?

“Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él, el novillo cebado!”.

En el famoso cuadro de Rembrandt del Hijo Pródigo podemos observar al hijo harapiento, sucio, arrodillado, en una actitud de arrepentimiento. Al padre, acogiéndolo benévolo, con una serena alegría por su retorno y al costado de la imagen, la figura del hermano mayor. Vestido con una túnica similar a la del padre, de pie, erguido, con una cara de disgusto. Considera injusta la actitud del padre.

Él está viendo la misma escena que ve el padre: al hermano de regreso en situación de indigencia. ¿Qué pasa con el hijo mayor que no se alegra por el retorno? ¿Quizá envidia por no ser tratado como al pródigo que regresa? ¿Quizá cólera pues, este hermano había tratado mal a su padre y lo había hecho sufrir y aun así hacen una fiesta por su retorno? Lo cierto es que no entiende la lógica ni la actitud del padre y reacciona con dureza frente al hermano y con disgusto frente al padre; Ésta es nuestra actitud, algunas veces, cuando endurecemos nuestro corazón ante el mal que vemos en los demás. El juicio, la molestia, el dolor no permiten que podamos entender lo que sucede en el corazón del otro y que lo que realmente necesita es nuestro perdón.

 

6. La lógica del Padre es la del amor y de la misericordia, que busca nuestra reconciliación con Él

Con ojos humanos, la justicia debía responder al hijo pródigo que se fue de la casa paterna, con un rigor que pudiera reparar sus faltas. Pero el padre sale al encuentro de su debilidad, valora su arrepentimiento y lleno de amor lo perdona.

En la parábola de hijo pródigo, Jesús nos está contando la historia de nuestra reconciliación con Dios amor. El Padre que conoce nuestra fragilidad, respeta nuestra libertad y sale a nuestro encuentro entregando a su propio hijo Jesús, como reparación de nuestras faltas. El Hijo que no duda en entregarse por nuestra reconciliación con el Padre. El Espíritu Santo que suscita en nosotros el deseo del retorno y nos da la fuerzas para levantarnos y regresar al Padre.

Contemplando la escena de Cristo crucificado, podemos entender mejor que la lógica de Dios, es la lógica del amor y de la misericordia. Él es un Dios que conoce nuestra debilidad y que sale feliz a nuestro encuentro, para darnos siempre una nueva oportunidad. En Jesús, nos dio esta gran posibilidad de retorno a Él.

Mirando a Jesús en la cruz, podemos observar a Aquel que ha asumido en sí todos nuestros pecados y que, como hijo pródigo, a nombre de todos nosotros le dice: ¡Padre, he pecado contra el cielo y contra ti!

Jesús cargó sobre sí todos nuestros pecados y entrega su vida por nosotros para reconciliarnos con el Padre.

¿Comprendemos en nuestras vidas esta lógica de Dios? ¿Aceptamos su amor y misericordia frente a nuestros pecados? Muchas veces nos juzgamos a nosotros y a los demás con un rigor que no es el del Padre. Pensamos que no somos dignos de pedir perdón, pues, nuestros pecados no lo merecen. Asimismo, somos duros en nuestros juicios para con los demás, pues pensamos que hay cosas que son imperdonables. Ese criterio esconde una soberbia disimulada, pues, nos pone como medida de cómo deben ser las cosas y no lo miramos a Él, quien es el que nos muestra el camino de retorno.

El Padre nos ha reconciliado en su Hijo Jesús. Hay camino de retorno, pues, el Padre quiere siempre nuestro retorno. La lógica de Dios es el perdón y la misericordia para cada uno de nosotros.

¿Cómo es tu actitud frente a la misericordia que tiene Dios contigo? ¿La sabes percibir, buscar, agradecer, cultivar? ¿Eres misericordiosos con los demás?

7. En la resurreción de Cristo, el Padre nos ha abrazado, reconciliándonos con Él

Con la resurrección de Jesús, el Padre está aceptando la ofrenda que Él hizo de su propia vida, perdona todos nuestros pecados y nos reconcilia con Él.

Él es el padre de la parábola del Hijo pródigo que sale a nuestro encuentro y nos abraza a todos al resucitar a su Hijo, mostrándonos así su amor y misericordia por cada uno de nosotros.

La Resurrección de Jesús es la respuesta del Padre, que nos garantiza el triunfo del bien sobre el mal, en nuestras propias vidas y nos llena de esperanzas frente a nuestras propias fragilidades y pecados.

No hay pecado que no pueda ser perdonado, si hay un verdadero arrepentimiento. Él siempre espera nuestro retorno, por su misericordia.

El deseo de Dios, sobre nuestra reconciliación queda muy claro. La pregunta es, ¿Soy consciente de este inmenso don de Dios que es la reconciliación, que Dios me ha traído en Cristo, su Hijo?

Si bien el pecado ha hecho hondas heridas en nuestro espíritu, el camino de vuelta al Padre, en Cristo, es posible. Él ha puesto todos los medios posibles, para que nos reconciliemos con Él y alcancemos la vida eterna.

¿Qué medios podrías poner para aceptar el don de la reconciliación en tu vida?

 

8. Recordando nuestra identidad y misión, como miembros del MVC

Somos un movimiento eclesial que anima entre sus miembros -laicos, clérigos y consagrados- a vivir la vocación a la santidad y al apostolado que tenemos todos los cristianos.

Queremos colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo la reconciliación traída por el Señor Jesús. Viviendo la piedad filial a Santa María y compartiendo nuestra fe en comunidades, nos proyectamos apostólicamente a todos los ámbitos de la sociedad.

Pidamos al Señor nos ayude a acoger el don de la reconciliación en nuestras vidas, para así comunicarlo en primera persona a tantas personas que necesitan conocer y experimentar el inmenso amor de Dios en sus vidas.