Opinión Recomendamos

Tercera parte: Padre, ¿puedo casarme en la playa a la hora del sunset?

Pareja-Sunset

Por P. Alejandro Gallego

Algunas parejas de novios, principalmente la novia, vienen con algunas peticiones “especiales” para su matrimonio. Con buena intención casi siempre y con mucho romanticismo, quieren que la ceremonia esté rodeada de todo un ambiente “mágico” que haga de ese día un día realmente único.

Alguna vez me preguntaron si yo podía ir a la playa a casarlos en el momento del “sunset” y no recuerdo bien si querían hacerlo dentro de una barca pequeña, en otros casos hacerlo en una hacienda bonita alejada de la ciudad. Quizá la más audaz de todas fue la novia que quería una liturgia corta en un club pero con vestido blanco y marcha nupcial, llegando en limusina.

Por lo general esos pedidos vienen de personas que no son muy practicantes de su fe católica pero les atrae algunos elementos externos del rito católico. En estos casos los sacerdotes percibimos la falta de fe y la poca conciencia de lo que significa el sacramento. Explicarles que eso no es posible y que además no saldría bien, como ellos esperan, es una odisea y nos mete en aprietos a los sacerdotes. Además no falta el padrecito que acepta, algunas veces desobedeciendo las normas eclesiásticas, para no quedar mal con los novios que “están tan ilusionados”.

Los sacerdotes tenemos bastantes experiencias en matrimonios. Déjense guiar, déjense aconsejar, para que todo salga como esperan.

Un primer criterio que les doy es que la ceremonia religiosa sea eso, una ceremonia religiosa, con los elementos propios del rito católico que de por sí es hermoso, sobrio y lleno de contenido. No busquen agregarle elementos extraños buscando que sea más especial, porque ya es muy especial de por sí. Lo que en la imaginación parece bonito, en la realidad puede perjudicar la ceremonia y salir mal. En mis artículos anteriores y en los que iré escribiendo estoy intentando ayudar a hacer de la ceremonia matrimonial algo realmente especial sin tener que entrar a la iglesia colgados de una soga hasta el altar.

Si, por ejemplo, hay una canción romántica que les gusta mucho a los dos porque fue la canción que estaba sonando cuando se dieron su primer beso, no le pidan al padre que la interpreten en la misa en vez del canto de comunión o antes del Evangelio porque no lo va a permitir; va a salir mucho mejor si la vuelven a escuchar en su luna de miel, solos, recordando ese momento. Si quieres dedicarle unas palabras improvisadas a tu esposa, va a salir mucho mejor ya en la recepción donde no estarás tan nervioso y un poco más suelto. Recuerdo un novio que quiso improvisar unas palabras en la Misa de su matrimonio, le ganaron los nervios y salió mal.

Durante la Misa déjense llevar por la liturgia, dejen que Dios los sorprenda, estén abierto a lo que Él les diga en ese momento y acojan con sencillez la gracia abundante que Él derrama sobre los novios convirtiéndolos en esposos, una sola carne, en un solo cuerpo. Dios es más sabio que nosotros y siempre nos sorprende superando nuestros cálculos y preparativos.

Las normas que pone la Iglesia para el rito del matrimonio nunca son normas arbitrarias o duras o aguafiestas, son fruto de muchísima experiencia, siglos de experiencia y que buscan resaltar el misterio de Dios que se expresa en la unión de los esposos con mucha sobriedad y sencillez pero al mismo tiempo con mucha profundidad.

Que el Señor los bendiga.