Jubileo de la Misericordia Misericordiae

Misericordiæ: ¿Qué es el Año Santo o Jubileo Extraordinario de la Misericordia?

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El Papa Francisco anunció, el sábado 11 de abril del 2015, en la Basílica de San Pedro, la celebración de un Año Santo extraordinario, a través de la Bula Misericordiae Vultus (El rostro de la misericordia).

Este Jubileo se inició con la apertura de la Puerta Santa, en la Basílica de San Pedro, durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluirá el 20 de noviembre de 2016, con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

El tema de este Año Santo es la Misericordia, bajo el lema “Misericordiosos como el Padre”.

“Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes… “.

Misericordiae Vultus 3

1. ¿Qué es un Año Santo o Jubileo?

En la tradición católica, el Año Santo o Jubileo es un período especial de reconciliación con Dios que la Iglesia propone a sus fieles.  Ordinariamente los jubileos se celebran cada 25 años y extraordinariamente cuando un Papa lo designa.  No todos los jubileos tienen un tema específico.  El sentido fundamental de un Año Santo es el de entrar en nosotros mismos para entender que tenemos una profunda necesidad de Dios, asímismo, que sea una ocasión de conversión, de crecer en la fe y de renovar nuestro compromiso con el Señor Jesús y con los demás.  Para favorecer esta reconciliación con Dios, la Iglesia, durante este año, concede indulgencias a los fieles que se acercan para recibirlas, con una disposición de conversión interior.

«Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia misericordiosa».

Misericordiae Vultus, 22

2. ¿Qué es una indulgencia?

Para entender qué es una indulgencia, empezaremos por explicar que cada pecado conlleva una culpa y una pena.  La culpa se perdona en la confesión, pero falta la expiación total de la pena, que sólo se alcanza en vida, mediante la penitencia y la caridad en obras que demuestran el arrepentimiento; y/o tras la muerte, en el purgatorio.

Para favorecer la total reconciliación con Dios la Iglesia ha previsto las indulgencias plenarias.  Éstas son medios para perdonar todas las penas del pecado cometido. A través de las indulgencias plenarias, la Iglesia, muestra su maternidad en una gran manifestación de misericordia y piedad.

3. ¿Cómo ganar indulgencias en el Año Extraordinario de la Misericordia?

Para recibir indulgencias plenarias, además de realizar la acción requerida por la Iglesia, se debe:

  • «Acudir al Sacramento de la Reconciliación y
  • A la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia.
  • Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo…».

Es importante que este momento esté unido, ante todo,

  • Para recibirla es necesario, tener la intención de ganar la indulgencia y el propósito de no volver a pecar.
  • Con una sola confesión pueden ganarse varias indulgencias plenarias, en cambio con una comunión eucarística y una oración por las intenciones del sumo pontífice sólo se gana una indulgencia plenaria.
  • Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
  • La indulgencia plenaria solo puede ser adquirida una vez en el transcurso del día (excepto en el momento de la muerte que puede volver a adquirirse).
  • Las indulgencias siempre se pueden aplicar por uno mismo o por las almas de los difuntos, pero no pueden ser aplicadas a otras personas vivas.

Nos dice el Papa Francisco en su carta con la que concede Indulgencias en este Año Santo Extraordinario de la Misericordia:

3.1. Realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa

«Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión.  Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares».

3.2. Realizar una obra de misericordia corporal o espiritual

«He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. Cada vez que un fiel viva personalmente una o más de estas obras obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar. De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad».

3.3. Para los enfermos, personas ancianas y solas

«Pienso, además, en quienes por diversos motivos se verán imposibilitados de llegar a la Puerta Santa,

En primer lugar los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad.

Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar».

3.4. Para los presos

«Mi pensamiento se dirige también a los presos, que experimentan la limitación de su libertad… Que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre que quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón.

En las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad».

4.  En este Año Santo el Papa Francisco nos invita a vivir la riqueza de la misión de Jesús

El Papa Francisco nos invita, en este Año Santo, de manera especial a realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea; a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a sanarlas con la solidaridad y la debida atención; a agudizar nuestra mirada para descubrir las miserias del mundo, las humillaciones de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, a escuchar su grito de auxilio, a llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, a restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. A que nuestras manos estrechen sus manos, y a que los acerquemos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad.

Ver Misericordiae Vultus 5 y 16