Jubileo de la Misericordia Misericordiae

Misericordiae: La peregrinación en el año jubilar

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«Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano,… como signo del deseo profundo de auténtica conversión»  Papa Francisco

«La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia».

1 La vida es una peregrinación

«El ser humano es un viador, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada».

Nuestra meta es ser personas felices, realizadas. Buscamos la felicidad en todo lo que hacemos.  San Agustín nos dice cómo alcanzar esa meta: «Mi corazón está inquieto hasta que descanse en ti Señor». Es decir, sólo la alcanzaremos plenamente cuando logremos el fin para el que fuimos creados: la comunión con el Padre, en la vida eterna que nos tiene prometida.

Por eso, mientras vivimos en esta tierra, vamos peregrinando hacia esa meta final y podemos constatar que nuestro corazón no se satisface plenamente sólo con las metas que nos vamos trazando en nuestra vida temporal. Nuestra experiencia es la de buscar siempre algo más. Algo que llene nuestro corazón de plenitud, de amor, de belleza, de paz y fortaleza interior. Y es que peregrinamos buscando a Dios para que llene nuestra vida de esa plenitud.

En esta peregrinación podemos encontrar a Dios viviendo una vida espiritual intensa que se hace concreta en los momentos fuertes de oración y en la vivencia de Su presencia en nuestra vida cotidiana; así, toda situación, ya sea de dolor o de alegría, cobra sentido, cuando vamos descubriendo qué nos quiere decir Él, en ellas. Así mismo podemos encontrar a Dios en los hermanos, cuando viendo Su rostro en ellos —en especial en aquellos que más sufren—, vivimos la misericordia, la solidaridad y el compromiso con sus necesidades.

2 Realizar una breve peregrinación, antes de cruzar una Puerta Santa, para ganar indulgencias plenarias

En una peregrinación se viven muchas experiencias: entusiasmo por llegar a la meta, alegría, cansancio, esperanza, incertidumbre, sacrificio, duda, dolor…  Se requiere de voluntad y esfuerzo para realizarla. Además es «una experiencia de misericordia, de compartir y de solidaridad con quien hace el mismo camino, como también de acogida y generosidad por parte de quien hospeda y asiste a los peregrinos».  (Papa Francisco, mensaje a las Academias Pontificias)

Por esto, para recordar la experiencia que somos peregrinos en camino hacia la casa del Padre, el Papa Francisco nos invita a realizar una peregrinación para cruzar la Puerta Santa:

«Cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo que la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio».

La peregrinación a la Puerta Santa, no tiene que ser extensa.  Cada uno la hará de acuerdo a sus posibilidades y puede ser personal o comunitaria. El hecho de dirigirnos a ella, se vuelve una peregrinación, al tener la conciencia que somos viadores peregrinando hacia el encuentro del amor de nuestro Padre.

3 La meta de la peregrinación a una Puerta Santa: dejarnos abrazar por la misericordia del Padre, para ser misericordiosos con los demás.

Querer atravesar la Puerta Santa es querer recibir el abrazo del Padre que nos espera gozoso, para llenarnos de su misericordia y su perdón, como al hijo pródigo del Evangelio.

«Atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros».

«En la misericordia tenemos la prueba de cómo Dios ama.  Él da todo de sí mismo, por siempre, gratuitamente y sin pedir nada a cambio. Él viene en nuestra ayuda cuando lo invocamos. Él viene a salvarnos de la condición de debilidad en la que vivimos. Y su auxilio consiste en permitirnos captar su presencia y cercanía».

De Dios aprendemos a ser misericordiosos y en nuestro peregrinar, «día tras día, tocados por su compasión, también nosotros llegaremos a ser compasivos con todos».

Por esto, en este Año Santo no podemos dejar de acudir a recibir este amor sobreabundante que Dios nos ofrece. Recordemos que recibimos indulgencias plenarias al peregrinar hacia una Puerta Santa. Esta misericordia que recibimos de Dios, al cruzarla, nos capacitará y fortalecerá para ser misericordiosos con los demás.

4 María, Madre del peregrino

¡Qué mejor compañía que la de María, para la peregrinación de nuestra vida!  Especialmente cuando las cosas se ponen difíciles, nos dice San Bernardo en la siguiente oración: invoca a María!

“Si se levantan los vientos de las tentaciones,
si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento,
¡mira a la estrella, invoca a María…!

Si eres batido por las olas de la soberbia,
de la detracción o de la envidia,
¡mira a la estrella, invoca a María…!

Si la ira o la avaricia o la seducción carnal,
sacuden con furia la navecilla de tu espíritu,
¡vuelve tus ojos a esa estrella, invoca a María…!

Si te asalta el peligro, la angustia o la duda,
¡piensa en María, invoca a María…!
Y para estar más seguro de su protección
no te olvides de imitar sus ejemplos.
¡Siguiéndola no pierdes en el camino!

Bajo su manto nada hay que temer.
¡Bajo su guía no habrá cansancio,
y con su favor llegarás felizmente
al Puerto de la Patria Celestial!

(Extracto de la oración Mira a la Estrella, San Bernardo de Claraval)