Opinión

Charlie Hebdo: Solidaridad sin comunión de idea

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En medio de la honda tristeza por los atentados a la revista Charlie Hebdo el pasado miércoles, The New York Times, junto con otros medios norteamericanos, no quiso hacer parte de la iniciativa de la prensa internacional que invitaba a publicar sus caricaturas como solidaridad con las víctimas de esta masacre.

Pese a las críticas que recibió el periódico más importante de Estados Unidos, su editor, Dean Banquet, explicó las razones de esta decisión: “Hay una frontera entre el insulto gratuito y la sátira. La mayoría [de estas viñetas] son insultos gratuitos”.

Una decisión que me dejó pensando… Demostrar el desacuerdo con el contenido de la revista no le quita la solidaridad hacia las víctimas y sus familiares.

Se puede ser solidario de muchas maneras. Por ejemplo, como lo hizo un grupo de sacerdotes franceses, quienes varias veces se sintieron ofendidos con la sátira anticatólica que publicaba la revista: “Más allá de nuestras divergencias y de las afrentas del pasado, somos hermanos en humanidad, aunque hagan falta a veces dramas para recordarlo…”, dicen en el portal www.padreblog.fr en su expresión de compasión con las víctimas de la masacre.

Y aunque las expresiones satíricas también son protegidas por el derecho a la libertad de expresión, en este caso cabe preguntarse: ¿Vale la pena caricaturizar de nuevo a Mahoma tras haber recibido fuertes amenazas de parte de extremistas islámicos (lo hicieron en el 2006 y el 2012)? ¿Cuando las consecuencias pueden cambiar la vida de una ciudad como París, conocida por ser segura y tolerante donde hoy el ambiente es de tristeza, indignación y pánico? Y duele hacerse estas preguntas después y no antes de la masacre, cuando ya no hay vuelta atrás ante las vidas que se perdieron.

Y duele que la respuesta la hayan dado a punta de balazos, los extremistas islámicos el pasado miércoles.

Lógico que la reacción de los terroristas fue completamente desproporcionada. Que el valor de esas vidas está muy por encima del valor del respeto que les faltó a las directivas de Charlie Hebdo. Que no hay peor incoherencia ni blasfemia que matar en nombre de Dios. Que hechos como este solo aumentan la islamofobia en el mundo occidental y abren una brecha cada vez más grande entre ambas civilizaciones. Que si quisieron salvar el nombre de Mahoma, el suyo es el que más ha quedado pisoteado, en esta y en masacres anteriores. Bien lo dijo Gonzalo Frasca en una columna de opinión para CNN: “Las únicas alternativas civilizadas son ignorarlos o responder en el mismo plano: escribiendo, dibujando y argumentando. Si reaccionamos con violencia física nos convertimos en bestias”.

Sin embargo, abstenerse de decir “Yo soy Charlie” no significa dejar de ser compasivo frente al luto que hoy vive Francia. Significa decir que en un mundo cada vez más globalizado, donde crecen la migración y el encuentro de culturas, las ridiculizaciones hacia los grupos minoritarios son bajas y provocadoras y mucho más lo son las muestras tan desproporcionadas de venganza, como la que ocurrió el pasado miércoles.

Fuente: El Colombiano