Mi vida en Xto

Oración del sabado: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 24 – Sábado
21 de setiembre de 2019

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, yo creo que Tú eres el Señor de la vida. Yo creo que Tú has venido a reconciliar todas mis rupturas y que me amas hasta el extremo. Te pido que vuelvas mi humilde corazón cada vez más semejante al tuyo, y que escuchando tu Palabra, pueda amar tanto como Tú mismo nos has amado.


Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón Señor por todos mis pecados. Son tantas las veces que he fallado contra Ti que me da vergüenza mirar tu Rostro. Veo tu Corazón traspasado, y sé que han sido mis propios pecados los que te han llevado a la muerte en la Cruz. Pero también sé, que Tú has querido beber ese Cáliz, para reconciliarme y para obtenerme la felicidad eterna. Ayúdame Señor a no pecar más contra Ti y también a amarte con todas mis fuerzas y con todo mi corazón.

 

Lectura Bíblica

“Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9,9-13)

Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.


Lectura espiritual breve

El Papa Francisco te ayuda a meditar en el texto evangélico:

Jesús nos libera del pecado haciéndose Él mismo “pecado“, tomando sobre sí todo el pecado y ésta es la nueva creación. Jesús desciende de la gloria y se abaja, hasta la muerte, hasta la muerte en la Cruz, hasta gritar: ¡Padre!, por qué me has abandonado! Esta es su gloria y esta es nuestra salvación:

Este es el milagro más grande y con esto ¿qué hace Jesús? Nos hace hijos, con la libertad de los hijos. Por esto que ha hecho Jesús nosotros podemos decir: ‘Padre’. Al contrario, jamás habríamos podido decir esto: ‘¡Padre!’. Y decir ‘Padre’ con una actitud tan buena y tan bella, ¡con libertad! Éste es el gran milagro de Jesús. A nosotros, esclavos del pecado, nos ha hecho a todos libres, nos ha curado precisamente en el fondo de nuestra existencia. Nos hará bien pensar en esto y pensar que es tan bello ser hijo, es tan bella esta libertad de los hijos, porque el hijo está en casa y Jesús nos ha abierto las puertas de casa… ¡Nosotros ahora estamos en casa!.

Esa es la raíz de nuestro coraje. Soy libre, soy hijo… ¡El Padre me ama y yo amo al Padre! Pidamos al Señor la gracia de entender bien esta obra suya, esto que Dios ha hecho en Él: Dios ha reconciliado consigo el mundo en Cristo, encomendando a nosotros la palabra de la reconciliación y la gracia de llevar adelante con fuerza, con la libertad de los hijos, esta palabra de reconciliación. ¡Nosotros somos salvados en Jesucristo! Y nadie nos puede robar este documento de identidad. Me llamo así: ¡hijo de Dios! ¡Qué hermoso documento de identidad! Estado civil: ¡libre! Así sea.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por tu inmenso amor. Gracias por fijar tu mirada en nosotros pobres pecadores. Gracias por reconciliarnos Contigo y con el Padre. Ayúdame a tener yo también esa misma mirada. Y que no juzgue nunca a mi hermano, sino que sea siempre caritativo y misericordioso, así como Tú has sido conmigo.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.