Mi vida en Xto

Oración del sábado: “Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 16 – Sábado
27 de julio de 2019

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Tú me has llamado a la felicidad y al hacerte hombre pasaste por el mundo llevando esperanza y alegría, curando, sanando, perdonando. Al ver el amor tan grande que tienes por todos nosotros, quiero decirte que quiero vivir cada día más cerca de Tï. Te pido que esta oración me ayude a tener un corazón cada vez más como el Tuyo y que estando en tu presencia, pueda acoger todas las gracias que quieres derramar sobre mi con generosidad.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, junto con mis anhelos de grandeza, también percibo en mi corazón mis egoísmos y pecados. Sé que muchas veces no hago el bien que quiero, y hago el mal que no quiero. Estoy arrepentido por las veces en que te he negado mi amor, pero me llena de esperanza saber que eres un Dios de perdones, y me ofreces tu misericordia en todo momento.

Lectura Bíblica

“Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha” Mt 13,24-30

Y les propuso otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: ‘Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?’. El les respondió: ‘Esto lo ha hecho algún enemigo’. Los peones replicaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’. ‘No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero’”.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

En la parábola del trigo y la cizaña podemos comprender una doble realidad. En primer lugar, podemos pensar en la Iglesia donde convivimos personas que anhelamos la santidad y el servicio generoso, con la realidad del pecado que muchas veces puede escandalizar y decepcionar a muchos. ¡Cuánto duele al pueblo ver que un sacerdote, un consagrado o un laico comprometido comete un pecado! Pero lamentablemente esa realidad se ha dado en toda la historia de la Iglesia y se seguirá dando hasta el final de los tiempos, porque el “enemigo” ha sembrado la cizaña del pecado en todos los corazones. Y, en segundo lugar, vemos cómo en nuestro propio corazón también conviven estas dos realidades: las buenas obras y las caídas en el pecado. Es un contraste que nos desanima y no pocas veces nos desesperanza. Pero el Señor nos advirtió que eso sería así. Por lo mismo tenemos que seguir luchando con humildad para que Dios vaya transformando nuestros corazones. Sólo Él puede vencer a la muerte y el pecado, y por ello, sólo en Él debemos tener puesta nuestra esperanza.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Me suelo desanimar por mis caídas y pecados?

2.- ¿Confío en que Dios todo lo puede en mí?

3.- ¿Estoy dispuesto a dejarme transformar por Cristo?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por concederme este momento de encuentro y diálogo contigo. Gracias porque te hiciste hombre, para que podamos alcanzar la salvación, la plenitud de nuestra vida humana. No dejes, Buen Señor, que la cizaña del mal crezca en mi corazón. Y permite que la semilla de tu amor, germine en mi interior haciendo que de abundantes frutos.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos 
y Señora de los ángeles; 
salve raíz, salve puerta, 
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa, 
entre todas la más bella; 
salve, agraciada doncella, 
ruega a Cristo por nosotros.

Que con el auxilio de tan dulce intercesora,
seamos siempre fieles en el terreno caminar. 

Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.