Mi vida en Xto

Oración del miércoles: “¡Te seguiré adonde vayas!”

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 26 – Miércoles
28 de septiembre de 2016

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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor, al comenzar este día me quiero poner en tu presencia y darte gracias por todo lo que haces por mí. En este momento de oración quiero abrir mi mente y mi corazón a tu Espíritu, para que la lectura y meditación de tu Palabra ilumine mi vida y me ayude a seguirte con cada vez mayor generosidad.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón, Buen Jesús, por todas las veces que te he dado la espalda con mi pecado. Confío en tu misericordia infinita, en que me perdonas y me invitas nuevamente a caminar por el sendero de la vida.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“¡Te seguiré adonde vayas!” (San Lucas 9,57-62).

Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: “¡Te seguiré adonde vayas!”. Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. Y dijo a otro: “Sígueme”. El respondió: “Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios”. Otro le dijo: “Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos”. Jesús le respondió: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

Lectura espiritual breve

Con este texto, el Padre Juan José Paniagua nos ayuda a profundizar en el Evangelio:

No hay algo que Jesús se tome más en serio que llamar a alguien a seguirlo. Vemos que cuando el Señor convoca a alguien, hay un factor común en todas las llamadas: Él lo pide todo. Sino miremos lo que hicieron Juan y su hermano Santiago al ser llamados por Jesús: “Dejando las redes y a su padre lo siguieron”. O Mateo, el cobrador de impuestos: “Dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. O lo que le dijo al joven rico: “Anda vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”.

Hoy vemos la misma característica en todas las llamadas que Jesús hace. Le recuerda a uno que si quiere seguirlo “no hay dónde reclinar la cabeza”. Al otro, que no anteponga nada a la vocación: “deja que los muertos entierren a sus muertos”. Y al tercero: “el que mira hacia atrás no es digno del Reino de Dios”. Y es que Jesús no es partidario de las medias tintas, cuando pide algo, lo pide todo.

Quizá nosotros nos podemos parecer a alguno de estos 3 personajes. Ellos se sintieron atraídos por la persona de Jesús, se acercaron a Él, tenían las mejores intenciones del mundo, había algo en Cristo que los cautivaba, querían entregarse… pero parece que no del todo. Quieren guardarse una tajada del pastel para ellos, no quieren darlo entero. Porque en el fondo permanece la desconfianza: Si lo doy todo, ¿con qué me quedo? No se puede confiar del todo en el Señor. ¿De verdad vale la pena dejarlo todo? ¿Es cierto lo que Jesús promete?

Las exigencias del Señor siempre van a ser grandes. Porque grande también es lo que nos ofrece. Recordemos que si amamos a Dios sobre todas las cosas y lo seguimos, estar con Él es la mayor recompensa. ¿Qué nos dará a cambio el Señor? “En esta vida el ciento por uno y luego la vida eterna”. El Señor lo pide todo, porque también lo quiere dar todo. No nos apeguemos a cosas secundarias. Por Dios vale la pena dar la vida entera.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Percibes en tu vida que Dios también te llama a seguirlo con mayor radicalidad?

2.- ¿También sientes a veces ese miedo o desconfianza de darle más de tu vida al Señor?

3.- ¿Qué puedes hacer para ser más generoso con el Señor Jesús?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por todos tus dones, y especialmente por este momento de encuentro contigo. Ayúdame a ser siempre reverente a tu Palabra, a poner por obra lo que me enseñas y a confiar más en tu amor y en tu gracia que en mis propias fuerzas. Sé que si confío en Ti, podré hacer lo que me pides. Quiero seguirte siempre con fidelidad, Señor. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

 Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti
y en prueba de mi afecto,
con amor filial
te consagro en este día:
todo lo que soy,
todo lo que tengo.
Guarda y protege,
y también defiende
a este hijo tuyo,
que así sea.
Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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