Mi vida en Xto

Oración del miércoles: “¡Ay de ustedes, fariseos!”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 28 – Miércoles
16 de octubre de 2019

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Aquí estoy, Señor Jesús, nuevamente para compartir contigo, para conocerte más y dejarme iluminar por tu Palabra. Te pido que me ayudes a abrir mi mente y corazón a la acción del Espíritu y a mantenerme en tu presencia.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Tú has venido, Buen Jesús, a perdonar y salvar a los pecadores. Me reconozco necesitado de tu perdón y tu misericordia. No puedo estar lejos de Ti. Quiero renovarme en mi propósito de serte fiel y seguirte con coherencia.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“¡Ay de ustedes, fariseos!” (San Lucas 11,42-46)

Pero ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!”. Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: “Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros”. Él le respondió: “¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Lectura espiritual breve

Te compartimos esta reflexión del Padre Juan José Paniagua:

El Señor una vez más, tiene palabras duras contra los fariseos. Y no los critica tanto porque realicen obras malvadas y maliciosas, sino sobre todo porque sus obras están vacías. Se han olvidado de lo esencial. Andan muy preocupados de sí mismos: no transgredir tal ley, no cometer tal error, no equivocarse en tal cosa. Es buscar una perfección que en realidad no existe, eso es imposible para los hombres. Están preocupados en ser tan perfectos, que se han olvidado de la justicia y del amor a Dios, que es lo esencial. Se han olvidado de mirar al prójimo. Eso es lo que Jesús les reclama y por eso los llama hipócritas. ¿De qué nos valen nuestras muchas obras, si nos olvidamos de Dios y de nuestros hermanos? Pidámosle al Señor que no caigamos en el mismo vacío. Que la multitud de nuestras obras nunca estén vacías de Dios y llenas de nosotros mismos, de nuestro ego.

Eso es lo que el Papa Francisco denunciaba. El peligro de buscar la hipocresía de esta “santidad de lavandería”. En el fondo es estarnos buscando a nosotros mismos. Es decir, ese cristiano para quien la gran preocupación es sobre todo tener su sábana impecable, sin ninguna mancha. El perfeccionista que cree que la vida cristiana consiste en ser un súper hombre, que no se equivoca, que no comete errores, que todo lo hace bien, que no tolera el error. En el fondo es vanidad, es buscarse a uno mismo. ¡No al cristianismo de lavandería! Porque también nos lleva a perder el ardor por vivir la caridad. Pidámosle al Señor que nos dé un corazón grande, como el suyo, para que las muchas obras que emprendamos siempre estén impregnadas de la caridad de Cristo.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Consideras que vives preocupado por tu prójimo, sales al encuentro de los demás?

2.- ¿Asumes tus errores y pecados con humildad? ¿O buscas mucho el perfeccionismo, eres muy vanidoso(a)?

Acción de gracias y peticiones personales

Antes que señalar a otros, reconozco que yo muchas veces vivo esa incoherencia de los fariseos. Te doy gracias, Señor, porque la luz de tu Verdad me ilumina y me muestra el camino que tengo que seguir para convertirme más. Sé que si confío en Ti, podré hacer lo que me pides. Ayúdame a ser humilde, coherente y fiel. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.