Mi vida en Xto

Oración del martes: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 25 – Martes
22 de septiembre de 2020

Jesus- apostles

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor, me pongo en tu presencia para meditar en este día en tu palabra que da vida. Te pido que me concedas tu gracia para poder comprenderla, acogerla en mi corazón para así hacerla fructificar en mi vida, a ejemplo de San Pío de Pietrelcina.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón Señor por tantas veces que soy indiferente ante el sufrimiento de mis hermanos. Ayúdame Buen Jesús a aprender de Ti a vivir la reverencia en las pequeñas cosas, a entregarme y velar por las necesidades de los demás viviendo el mandamiento del amor a plenitud.

Lectura Bíblica

«Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican» Lc 8,19-21

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican».

Lectura espiritual breve

Escucha lo que nos dice el Papa Benedicto XVI:

María es la mujer de la escucha. Lo vemos en el encuentro con el ángel y lo volvemos a ver en todas las escenas de su vida, desde las bodas de Caná hasta la cruz y hasta el día de Pentecostés… En el momento del anuncio del ángel podemos ver ya la actitud de escucha, una escucha verdadera, una escucha dispuesta a interiorizar: no dice simplemente “sí”, sino que asimila la Palabra, acoge en sí la Palabra. Y después sigue la verdadera obediencia, como una Palabra ya interiorizada, es decir, transformada en Palabra en mí y para mí,… Así la Palabra se convierte en encarnación. Lo mismo vemos en el Magníficat.

Sabemos que es un texto entretejido con palabras del Antiguo Testamento. Vemos que María es realmente una mujer de escucha, que en el corazón conocía la Escritura. No sólo conocía algunos textos; estaba tan identificada con la Palabra, que en su corazón y en sus labios las palabras del Antiguo Testamento se transforman, sintetizadas, en un canto. Vemos que su vida estaba realmente penetrada por la Palabra; había entrado en la Palabra, la había asimilado; así en ella se había convertido en vida, transformándose luego de nuevo en Palabra de alabanza y de anuncio de la grandeza de Dios…

Es evidente que la Virgen es palabra de la escucha, palabra silenciosa, pero también palabra de alabanza, de anuncio, porque en la escucha la Palabra se hace de nuevo carne, y así se transforma en presencia de la grandeza de Dios. (S.S. Benedicto XVI)

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Muchas gracias Señor por este momento en que me recuerdas la importancia de aprovechar el tiempo que me regalas para conquistar la santidad que anhelo. Como me enseña San Pio de Pietrelcina mi vida no está en mis manos sino en las tuyas. Ayúdame con tu gracia a fortalecer mi libertad para responder con fidelidad a lo que me pides cada día, poniendo por obra tus palabras. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.