Mi vida en Xto

Oración del lunes: «No juzguéis, para que no seáis juzgados»

 Año B – Tiempo Ordinario – Semana 12 – Lunes

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te doy gracias por tu inmenso Amor, y porque me permites estar otra vez en tu presencia para escuchar tu palabra. Ayúdame a acogerla con humildad para que pueda transformar mi vida.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Perdóname Señor por todas mis faltas, especialmente por aquellas con las que atento contra la caridad y dejo de ver a los demás como mis hermanos. Ayúdame a acogerme a tu infinita misericordia y a aprender de Ti a ser «manso y humilde corazón».

Lectura Bíblica: Mt 7,1-5

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

Lectura espiritual breve

El Papa Francisco nos dice:

Llegamos a los chismes, los chismeríos pueden también asesinar la reputación de las personas. Al inicio puede parecer algo divertido, como un caramelo, pero al final nos llena el corazón de amargura y nos mata también a nosotros. Estoy convencido de que si cada uno de nosotros hace el propósito de evitar los chismes, se volvería santo. Es un hermoso camino, ¿Queremos ser santos?, o ¿queremos aferrarnos a los chismes como costumbre? ¿Sí o no? Entonces, nunca hay que hacer chismes. Jesús propone a quien lo sigue la perfección del amor: un amor cuya única medida es la de no tener medida: de ir más allá de cualquier cálculo. El amor al prójimo es una actitud de tal manera frontal que Jesús llega a afirmar que nuestra relación con Dios no puede ser sincera si no queremos entablar paz con nuestro prójimo. Y dice así: «Si por lo tanto presentas tu oferta al altar y allí te recuerdas que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja allí tu don delante del altar, y ve antes a reconciliarte con tu hermano». Por ello estamos llamados a reconciliarnos con nuestros hermanos antes mismo de manifestar nuestra devoción al Señor con la oración. De todo esto se entiende que Jesús no da importancia simplemente a la observancia de la disciplina y de la conducta exterior. Él va a la raíz de la Ley, apuntando sobre todo en la intención y por lo tanto al corazón del hombre, desde donde nacen todas nuestras acciones, buenas o malvadas. Para obtener comportamientos buenos y honestos no son suficientes las normas jurídicas, sino que es necesario tener motivaciones profundas, expresión de una sabiduría escondida: la sabiduría de Dios, que puede ser acogida gracias al Espíritu Santo. Y nosotros a través de la fe en Cristo podemos abrirnos a la acción del Espíritu, que nos vuelve capaces de vivir el amor Divino. A la luz de esta enseñanza, cada precepto revela su pleno significado como exigencia de amor, y todos se unen en el mandamiento más grande: ama a Dios con todo tu corazón y ama al prójimo como a ti mismo.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por enseñarme a vivir el camino de la humildad y la caridad. Ayúdame a aprender a mirarme a mí mismo cada vez con más misericordia, para que esta sea mi mirada hacia mis hermanos. Enséñame, Señor, a aprender de Ti a amar a mis hermanos con tu amor y no encerrarme en mi egoísmo, negándome a vivir la hermosa experiencia de comunión a la que me invitas. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, obtennos la presencia vivificante

del Espíritu, y la gracia de andar siempre por los caminos de Dios. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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