Mi vida en Xto

Oración del lunes: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca»

Ciclo C – Navidad – Semana 3 – Lunes
07 de enero de 2019

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Tú iluminas mi caminar. Así como iluminaste el camino de los reyes magos, te pido que con el fulgor de tu Palabra ilumines mi mente y corazón, y así pueda acogerla y hacer que ella se haga vida en mí.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, reconozco que soy un pecador y he faltado contra Ti. Te pido perdón y me acojo a tu misericordia. Ayúdame a confiar en tu corazón benévolo que siempre perdona a quien en verdad se arrepiente. Y así pueda renovarme en la lucha por alcanzar la santidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca” San Mateo 4,12-17.23-25

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

Lectura espiritual breve

Cada hombre y cada pueblo tienen derecho a recibir el evangelio de la verdad. En esta perspectiva asume un particular significado su empeño para celebrar el Año de la Fe; para reforzar el empeño de difusión del reino de Dios y del conocimiento de la fe cristiana. Esto exige de parte de quienes ya encontraron a Jesucristo “una auténtica y renovada conversión al Señor, el único salvador del mundo”. Las comunidades cristianas “de hecho tienen necesidad de volver a escuchar la voz del Esposo, que invita a la conversión, que los incita al ardor de cosas nuevas y los llama a empeñarse en la gran obra de la nueva evangelización”. Jesús, el Verbo encarnado es siempre el centro del anuncio, el punto de referencia para la consecución y para la misma metodología de la misión evangelizadora, porque Él es el rostro humano que Dios quiere encontrar en cada hombre y en cada mujer para hacerlos entrar en comunión con Él, en su amor. Recorrer las calles del mundo para proclamar el evangelio a todos los pueblos de la tierra y guiarlos al encuentro con el Señor, exige entonces que el anunciador tenga una relación personal y cotidiana con Cristo, lo conozca y lo ame profundamente. (S.S. Benedicto XVI)

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.-¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Buen Señor, tú te hiciste hombre para salvarnos y traernos la reconciliación. Tú nos indicas el camino de la propia conversión como algo irrenunciable para quien es discípulo tuyo. Te pido que me ayudes a convertirme en un cristiano cada vez más coherente y decidido, para que así, pueda anunciarte ante el mundo con alegría y sin temor. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

Bajo tu amparo nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.