Mi vida en Xto

Oración del jueves: «Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 21 – Jueves
27 de agosto de 2020

Casa rural

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, gracias por todas las bendiciones que me das. Gracias por el don de la fe y por permitirme estar en tu presencia. Te pido, Señor, que me ayudes a hacer silencio para poder escucharte y acogerte en mi vida.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, a Ti que te hiciste hombre no para juzgarnos sino para reconciliarnos, te pido perdón por todos mis pecados y omisiones. Yo sé que soy débil y pecador, pero sé también que para quien confía en Ti todo es posible. Me pongo en tus manos y te pido que me ayudes a estar vigilante en mi conversión, pues no sé ni el día ni la hora en que decidas llamarme a tu presencia.

Lectura Bíblica

«Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo» Mt 24,42-51

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: «Mi señor tardará», y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Todos necesitamos dormir. Nuestro cuerpo lo pide, porque nos repara las fuerzas para seguir adelante. Pero si bien es importante, no es el estado natural del hombre. Dormimos unas cuantas horas, pero lo natural es estar despiertos. Es por eso que cuando nos topamos con alguien que anda distraído y va lento por la vida le decimos: ¡Vamos, parece que estás dormido! Y más bien cuando vemos a alguien que anda muy atento y alerta, decimos que es una persona muy despierta.

Hoy el Señor Jesús nos dice: “velen”, es decir, estén despiertos, ¡no se queden dormidos! Porque estamos en una batalla y el soldado que se duerme, lo matan. Hay un ladrón, que quiere meterse a tu casa. Si el ladrón sabe que tienes un tesoro, te aseguro que va a estar rondando día y noche a ver cuándo te descuidas para quitártelo. El ladrón es el Maligno y sabe perfectamente que tienes un tesoro inmenso, el más valioso de todos. Tienes a Cristo, tienes el tesoro de esa fe que has ido cultivando por tantos años y te aseguro que no hay nada que desee más en esta vida que arrebatártelo. ¡No te duermas, no te descuides, no bajes la guardia!

La vida cristiana es una batalla. ¿Experimentas que estás en una lucha? Porque si todo está muy tranquilo es porque hay algo que no está caminando muy bien. Si ya sabes por dónde está tu flanco más débil, no te descuides. Piensa qué vas a hacer. No le cedas ni un centímetro al Maligno en esa línea, porque si te duermes, pierdes. Que nuestra actitud sea siempre la del combate, estemos despiertos, velemos.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Señor. Gracias por tu reconciliación y por el amor que me tienes. Ayúdame a estar vigilante, viviendo una vida cristiana coherente. Dame la gracia que necesito para ser fiel hasta la muerte. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permanecés siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.