Mi vida en Xto Pascua

Oración del miércoles: «El que permanece en Mí y yo en él, da mucho fruto»

Año C – Pascua – Semana 05 – Miércoles
27 de abril de 2016

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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te agradezco porque me invitas a ser tu amigo y sales a mi encuentro en este momento. Te pido que me ayudes a hacer silencio en mi interior para que en esta oración pueda comprender que sólo en tu Resurrección encontraré la fuerza para alcanzar la plena felicidad.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, te pido perdón por haberte dado la espalda, por haberme olvidado de Ti y de tus palabras, por todas las veces que callé tu voz y opté por hacer solo lo que yo quería. Sabes que te quiero y me duele haberte fallado. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. No he hecho nada para merecerlos, pero Tú me amas de manera incondicional. Gracias Señor por amarme hasta el extremo.

Lectura Bíblica: Jn 15,1-8

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos».

Lectura espiritual breve

Reflexiona con este texto del Padre Juan José Paniagua:

El Evangelio de hoy es muy gráfico para entender cuál es nuestra relación con Dios. El Señor toma la figura de la vid (el tronco) y los sarmientos (las ramas). Es una figura que no es la primera vez que Dios la utiliza. Ya en el Antiguo Testamento se había utilizado muchas veces para referirse al pueblo escogido por Dios, al Pueblo de Israel. Este pueblo era la viña plantada por Dios, cuidada por Dios y que se esperaba que de mucho fruto. Pero por diferentes motivos nunca da el fruto que debería, más bien se convierte en un pueblo incrédulo, duro de corazón, que traiciona la fidelidad a Dios. En esa situación Dios pone la verdadera vid en la historia. Esta es su mismo Hijo que se hace carne. Jesucristo es la vid verdadera. Pero no lo hace Dios como un desprecio para los hombres, sino que la planta en medio del mundo para que los hombres formemos parte de ella. Por eso nos dice que somos los sarmientos. Así, los sarmientos, unidos a la vid, siempre darán frutos buenos, ya no frutos malos ni amargos, porque están nutridos del mismo Jesucristo, que es Dios, que es eternamente fiel.

Y no sólo eso, sino que nos dice también el Evangelio: “Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”. A veces el Señor nos corta, y la poda duele, uno sufre. Quizá nos quitará algunas cosas, válidas pero secundarias, para que veamos mejor lo esencial. Quizá permitirá el dolor, el sufrimiento, que sintamos la injusticia, la incomprensión, para que nos adherimos más a Él, para que amemos más, para que demos fruto abundante.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Estoy unido a Dios como el sarmiento a la vid? ¿Qué puedo hacer para estar más unido al Señor?

2.- ¿Me quejo cuando el Señor me poda? ¿Me rebelo ante Dios? ¿O más bien aprovecho esos momentos para crecer y poder dar más frutos?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús porque me invitas a vivir siempre unido a Ti y porque me haces entender que sin Ti no puedo hacer nada. Contigo puedo caminar en la fe y alcanzar la santidad. Ayúdame a permanecer siempre unido a tu Corazón, y así dar abundantes frutos que den gloria al Padre. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos y Señora de los ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, Virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, agraciada doncella, ruega a Cristo por nosotros. Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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