Mi vida en Xto

Oración del lunes: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará”

 

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 19 – Lunes
8 de agosto de 2016

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Jesús, te agradezco por este momento de oración. Tú sales siempre a mi encuentro y buscas acercarme a tu corazón. Ayúdame a ser un siervo dócil a tu palabra, para que, escuchando tu voz, pueda seguirla con radicalidad y alegría.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Padre Bueno, te pido perdón por mis pecados. Me acojo a tu perdón y a tu misericordia infinita, confiando en que no te quedas en las apariencias sino que miras realmente lo más hondo de mi corazón.

Lectura Bíblica: Mt 17,22-27

Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
lo matarán y al tercer día resucitará”. Y ellos quedaron muy apenados.
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?”.
“Sí, lo paga”, respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?”.
Y como Pedro respondió: “De los extraños”, Jesús le dijo: “Eso quiere decir que los hijos están exentos.
Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti”.

Lectura espiritual breve

Reflexionemos con estas palabras:

Hoy, una vez más en las Escrituras aparece este animal —el pez— que tiene un fuerte contenido simbólico. Ya los Padres de la Iglesia señalaban el sentido redentor y salvador de este animal. Es un pez el que salvó a Jonás cuando fue arrojado de la nave por huir del Señor. Es también por un pez que Tobías pudo curar la ceguera de su padre. Jesús ante la multitud hambrienta multiplicó cinco panes y dos peces, asociando de alguna manera este animal al banquete Eucarístico. Y era el pez el signo con el que los primeros cristianos se identificaban entre ellos como seguidores de Jesús.

Hoy es en un pez donde Pedro encuentra esta moneda de plata para pagar sus impuestos. Pero hoy el Señor nos quiere hablar de otra deuda mucho más grande que la de un impuesto, una deuda que resultaba impagable para nosotros y tenía que venir Jesús a pagarla con la moneda de su propia sangre. Ese ha sido el precio de nuestra salvación. Nuevamente la figura del pez nos recuerda que Dios ha venido a curarnos, ha venido a salvarnos. 

Eso es lo que nos decía el Evangelio al comienzo: “Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará”. Y ellos quedaron muy apenados.” Jesús nos quiere recordar que ha venido a pagar la deuda impagable para nosotros y no nos ha cobrado nada. Así nos invita a insertarnos en esa misma dinámica de generosidad. Aprendamos del Señor, aprendamos de su amor que quiere darlo todo gratis. Démonos también nosotros así. Vivamos esa dinámica empezando por los que tenemos más cerca. Que la medida con que nos demos a los demás sea no la mezquindad, sino la abundancia. Esforcémonos por ser los más buenos, los más generosos, los más caritativos.

P. Juan José Paniagua 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿Vivo con gratitud a Dios por el amor que me ha tenido? ¿O a veces me veo con más desconfianzas, reclamos, dudas para con Él?

2. ¿Vivo la gratuidad en mi vida con el prójimo, o suelo condicionar mi generosidad a lo que voy a recibir a cambio?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús por todo lo que me enseñas. Gracias por mostrarme tu lógica que es tan diferente de la que presenta el mundo. Ayúdame a seguir tus pasos aprendiendo a dar testimonio de Ti y reconociendo tu justicia que se funda en la caridad. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Amor Misericordioso, bien sabes que tu Hijo, desde lo alto de la Cruz, señaló el camino de la piadosa filiación como aquel que deberíamos recorrer. Te imploro me obtengas la gracia de acercarme a tu Inmaculado Corazón, desde mi propio corazón, para aprender a amarte y a honrarte con el amor que el Señor Jesús te tiene. Cuida que este hijo tuyo ingrese así en el proceso de amorización y vea algún día cumplida la gran esperanza de verse conformado con el Salvador. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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