Mi vida en Xto

Oración del jueves: “El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar “

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 17 – Sábado
28 de julio de 2016

Pescador

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración Inicial

Señor Jesús, en este momento de oración quiero poner toda mi confianza en Ti. Sé que me conoces hasta lo más profundo de mi ser y que me entiendes, y quieres que yo escuches tus palabras de vida. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y así acogerla en mi corazón.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, soy consciente que muchas veces opto por alejarme de Ti, que muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante. Y algunas veces también siento que mis pecados son como una carga pesada que tengo que llevar. Perdona mis pecados y ayúdame a confiar más en Ti para que no traicione nunca tu amor.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar ” (San Mateo 13,47-53)

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”. Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí.

Lectura Espiritual breve

Lee este texto que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

En la parábola de la red es el mismo Jesús que nos llama a todos, que se fija en todos. Aquí no hay diferencia entre buenos y malos. Jesús nos ha llamado con amor y ternura a todos. No hay ninguno que pueda decir: este no es digno, o esta no es digna de ser llamada por Cristo. Cuántas veces se nos pasa por la cabeza decirle al Señor: saca de una vez a los peces malos, saca las cosas malas y que se quede sólo lo bueno, de una vez, para que ya vivamos en paz. Arranca y destierra todo lo malo de una vez.

Felizmente Dios no actúa así. Quizá tendría que arrancarnos a uno de nosotros. Cuántas cosas malas también hemos hecho, cuántas veces nos hemos equivocado. Pero Jesús no es así. Él nos mira con misericordia. Y quiere vencer al mal, pero no a la manera humana, que es arrancándolo y destruyéndolo, sino a la manera divina, que es distinta. Dios quiere vencer al mal con paciencia y con misericordia. Porque no quiere destruir al pecador, sino lo que quiere es que se convierta. Y sin paciencia, no hay conversión. Que este Evangelio sea una invitación a la alegría y a la esperanza. Porque Jesús nos mira con amor. Y si estamos aquí es porque Él nos ha convocado, no porque seamos de los peces buenos. Sino simplemente porque nos miró con misericordia y nos escogió. Así que pidámosle el día de hoy que nos ayude a tener un corazón como el suyo, lleno de misericordia, no de dureza, que busquemos siempre la reconciliación.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate: 

1.- ¿Cómo puedo ser agradecido con Dios por haberse fijado en mí?

2.- ¿Qué puedo hacer para convertirme más a Dios, especialmente para aprender a mirar mi debilidad y pecado con sus ojos de misericordia?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Ayúdame a ser responsable con los dones que me has dado, para estar así preparado para la llegada de tu Reino.  Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María.

Madre del Amor Misericordioso, bien sabes que tu Hijo, desde lo alto de la Cruz, señaló el camino de la piadosa filiación como aquel que deberíamos recorrer. Te imploro me obtengas la gracia de acercarme a tu Inmaculado Corazón, desde mi propio corazón, para aprender a amarte y a honrarte con el amor que el Señor Jesús te tiene. Cuida que este hijo tuyo ingrese así en el proceso de amorización y vea algún día cumplida la gran esperanza de verse conformado con el Salvador. Amén.

+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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