Mi vida en Xto

Oración del miércoles: «¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 23 – Miércoles
13 de septiembre de 2017

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, al iniciar este breve momento de oración quiero ponerme en tu presencia y ofrecerte toda mi vida. Yo creo en Ti, Señor Jesús, pero ayúdame a aumentar cada vez más mi fe. Ayúdame a que escuchando con apertura de mente y corazón tu palabra, pueda ir viviéndola para seguir siempre tu Plan de amor. Ayúdame a ser firme y perseverante confiando plenamente en Ti, especialmente en aquellos momentos de mayor tribulación.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, iluminado por tu presencia tengo que reconocer que muchas veces mi fe es débil. A veces no creo con suficiente fuerza o no comprendo bien aquello que me manifiestas con tanta claridad. Tú sabes, Señor, que soy débil, pero que a la vez te amo profundamente y quiero tener una fe cada vez más fuerte y sólida, para vivir también cada vez más coherentemente con ella. Te pido perdón de todo corazón.

Lectura Bíblica

«¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!» Lc 6,20-26

Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: «¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

Lectura espiritual breve

Reflexiona con este breve texto del Papa Emérito Benedicto XVI:

Cada uno es diferente del otro, con la singularidad de la propia personalidad humana y del propio carisma espiritual. Pero todos llevan grabado el “sello” de Jesús (ver Ap 7,3), es decir, la huella de su amor, testimoniado a través de la cruz. Todos viven felices, en una fiesta sin fin, pero, como Jesús, conquistaron esta meta pasando por fatigas y pruebas (ver Ap 7,14), afrontando cada uno su parte de sacrificio para participar en la gloria de la resurrección (…) Esta meta espiritual, a la que Tienden todos los bautizados, se alcanza siguiendo el camino de las “bienaventuranzas” evangélicas, que la liturgia nos indica en la solemnidad de hoy (ver Mt 5,1-12). Es el mismo camino trazado por Jesús y que los santos y santas se han esforzado por recorrer, aun conscientes de sus límites humanos. En su existencia terrena han sido pobres de espíritu, han sentido dolor por los pecados, han sido mansos, han tenido hambre y sed de justicia, han sido misericordiosos, limpios de corazón, han trabajado por la paz y han sido perseguidos por causa de la justicia. Y Dios los ha hecho participes de su misma felicidad: la gustaron anticipadamente en este mundo y, en el más allá, gozan de ella en plenitud. Ahora han sido consolados, han heredado la tierra, han sido saciados, perdonados, ven a Dios, de quien son hijos. En una palabra: «de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3.10).

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te agradezco Señor por este momento de oración, porque siempre que rezo sé que me escuchas y que te haces presente en mi vida. Yo sé Señor que Tú diste tu vida por mí y que a tu lado mi yugo se va tornando suave y mi carga ligera. Ayúdame a que mi fe se alimente de tus promesas, confiando en que la Cruz no tiene la última palabra, pues el horizonte está en la reconciliación y vida eterna que me has prometido. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén. 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día