Mi vida en Xto

Oración del lunes: «En medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí»   

Ciclo A – Navidad – Semana 02 – Lunes
2 de enero de 2017

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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, así como Juan el Bautista reconoció tu grandeza, ayúdame a mí también para que reconozca tu presencia y pueda escuchar tu Palabra para hacerla vida en mí.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Te pido perdón, Señor, por mis faltas y pecados.  Ayúdame a confiar en tu misericordia que siempre perdona a quienes acuden con corazón contrito a Ti.

Lectura bíblica según el Evangelio del día

«En medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí» (Jn 1,19-28)

Éste es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». «¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió. Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia». Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

Lectura espiritual breve

San Antonio de Padua nos dice:

«El Señor está cerca, que nada os preocupe» (Flp 4,5-6). Dios Padre habla así por boca del profeta Isaías: «Yo os acerco mi justicia» —es decir, su Hijo— «no está lejos y mi salvación no se hará esperar. Daré a Sión la salvación, y mi gloria a Israel» (Is 46,13).  Es lo que dice el Evangelio de este día: «en medio de vosotros está aquel que no conocéis».  Mediador entre Dios y los hombres, un hombre (1Tim 2,5), Cristo Jesús, se levanta en el campo del mundo para combatir al diablo; vencedor, libera al hombre y le reconcilia con Dios Padre.  Pero vosotros no lo conocéis. «He alimentado y educado a unos hijos, pero me han despreciado.  El buey conoce a su amo, el asno conoce el pesebre de su amo, pero Israel no me ha conocido, y mi pueblo no me ha comprendido» (Is 1,2-3)  ¡Es que el Señor está cerca de nosotros!  ¡Y no le conocemos!  Con mi sangre he alimentado a mis hijos, nos dice, igual que una madre alimenta a sus hijos con su propia leche.  He levantado a la naturaleza humana que yo mismo he tomado y a la que me he unido, por encima de los coros de los ángeles.  ¿Podía haceros un honor más grande?  Y me han despreciado.  Mirad si hay dolor semejante al mío (Lam 1,12)…  Entonces pues, «no os preocupéis por nada», porque es la preocupación por las cosas materiales la que nos hace olvidar al Señor.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor Jesús por estar conmigo en esta oración. Te agradezco por cómo te vas manifestando en mi vida y me ayudas a comprender cómo es que estás en medio de nosotros.  Ayúdame, Buen Jesús, a vivir coherentemente como quien está con su Señor, para que así nada pueda separarme de Ti.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pide la intercesión de María rezandole:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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