Mi vida en Xto

Oración del martes: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»

Ciclo A – Adviento – Semana 04 – Martes
20 de diciembre de 2016

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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor, vengo a tu encuentro necesitado de tu gracia, de la fuerza de tu amor. Me doy cuenta que no puedo caminar sin Ti y por eso al comenzar esta oración, pido el auxilio de tu gracia, para poder acoger tu palabra llena de sabiduría y amor.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, soy consciente de mis debilidades, y por eso me acerco a Ti arrepentido por los errores cometidos y confiado en recibir tu perdón, confiado también en que con tu gracia podré salir adelante y caminar con más fuerza hacia la santidad.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

«¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,26-38)

En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Angel se alejó.

 Lectura espiritual breve

Te compartimos la siguiente reflexión:

Celebramos hoy la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, particularmente querida para el pueblo cristiano. En la Madre de Jesús, primicia de la humanidad redimida, Dios obra maravillas, colmándola de gracia y preservándola de toda mancha de pecado.

En Nazaret, el Ángel llama a María «llena de gracia»: estas palabras encierran su singular destino, pero también, en sentido más general, el de todo hombre. La «plenitud de gracia» es para todos los hombres la meta. Como afirma el apóstol Pablo, Dios nos ha creado «para que seamos santos e inmaculados ante Él» (Ef 1,4). Por eso, nos ha “bendecido” antes de nuestra existencia terrena y ha enviado a su Hijo al mundo para rescatarnos del pecado. María es la obra cumbre de esa acción salvífica; es la criatura “Toda hermosa”, “Toda santa”.

Como decía San Juan Pablo II, «como miembro de la Iglesia, María pone al servicio de los hermanos su santidad personal, fruto de la gracia de Dios y de su fiel colaboración. La Inmaculada constituye para todos los cristianos un fuerte apoyo en la lucha contra el pecado y un impulso perenne a vivir como redimidos por Cristo, santificados por el Espíritu e hijos del Padre». A todo hombre y mujer, independientemente de sus circunstancias, la Inmaculada le recuerda que Dios lo ama de modo personal, que quiere únicamente su bien y lo sigue constantemente con un designio de gracia y misericordia, que alcanzó su culmen en el sacrificio redentor de Cristo.

«Amadísimos hermanos y hermanas —señaló en otra ocasión el Papa Juan Pablo II—, que la contemplación de la Inmaculada, imagen de la santidad de la Iglesia, nos recuerde la gracia del santo bautismo y nos impulse a una constante renovación de vida. A la Virgen santísima, tota pulchra, toda hermosa, encomendemos nuestros propósitos. Que María nos obtenga la valentía para no rendirnos ante nuestra fragilidad, conscientes de que el amor de Dios es más grande que el pecado. El Señor, que en María “hizo maravillas” (ver Lc 1,49), también hará maravillas en cuantos acogen sinceramente su invitación a la conversión y al amor».

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.-¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, por este momento de oración, y te pido que me ayudes a aprender de nuestra Madre María a responder con un sí generoso en cada momento de mi vida, a no tener miedo de vivir con coherencia el amor al que Tú me invitas.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Encomendémonos a nuestra Madre rezando:

Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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