Mi vida en Xto

Oración del lunes: «Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único»

Año B – Tiempo Ordinario – Semana 24 – Lunes

Cristo

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, yo creo que Tú eres el Señor de la vida. Yo creo que Tú has venido a reconciliar todas mis rupturas y que me amas hasta el extremo. Te pido que me ayudes a recorrer el camino de la humildad y así poder asemejarme cada vez más a Ti.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Perdóname Señor por todos los momentos en que me alejo de Ti y cedo a los influjos del mundo. Ayúdame, Señor, a saber acogerme a tu perdón y misericordia. Ayúdame a amarte con todas mis fuerzas y con todo mi corazón.

Lectura Bíblica: Jn 3,13-17

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

Lectura espiritual breve

Reflexiona con estas palabras del Papa San Juan Pablo II:

Símbolo de la fe, la cruz es también símbolo del sufrimiento que conduce a la gloria, de la pasión que conduce a la resurrección. «Per crucem ad lucem», por la cruz, llegar a la luz: este proverbio, profundamente evangélico, nos dice que, vivida en su verdadero significado, la cruz del cristiano es siempre una cruz pascual. En ese sentido, cada vez que celebramos, como quisiéramos hacerlo hoy, el misterio de la cruz, aumenta en nosotros la luz de la fe, la certeza de que el tiempo del sacrificio y de la renuncia, puede muy bien ser el comienzo de tiempos nuevos de realización y plenitud. Esto vale para las personas. Pero vale también para las colectividades. Y puede valer para todo un pueblo, para un país. Ante la cruz, puede haber dos posibles actitudes, ambas peligrosas. La primera consiste en tratar de ver en la cruz lo que tiene de oprimente y penoso hasta el punto de deleitarse en el dolor y en el sufrimiento como si tuviesen valor en sí mismos. La segunda, es la de quien, tal vez por reacción contra la precedente, rechaza la cruz y sucumbe a la mística del hedonismo o de la gloria, del placer o del poder. Un gran autor espiritual, Fulton Sheen, hablaba, a este respecto, de aquellos que se adhieren a una cruz sin Cristo, en oposición a quienes parecen querer un Cristo sin cruz. Ahora bien, el cristianismo sabe que el Redentor del hombre es un Cristo en la cruz y, por tanto, ¡sólo es redentora la cruz con Cristo! Siendo esto así, la cruz se transforma también en símbolo de esperanza. De instrumento de castigo, se convierte en imagen de vida nueva, de un mundo nuevo. En este signo, se manifestó, de una vez para siempre, el amor de Dios Padre, que «amó tanto al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, para que quien cree en Él no muera, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16)… Y quiero deciros que la cruz es el signo de esperanza para el hombre de todos los tiempos. En ella. Dios reveló al hombre cuál es la dignidad que tiene en sí, desde que fue designada como la misión de su Hijo. Por eso, ¡mirad hacia la cruz! En ella estáis llamados a la única esperanza de vuestra vocación (ver Ef 4,4). ¡Mirad hacia la cruz! Ella es el signo del nuevo principio que el hombre, siempre y en todas partes, encuentra en Dios.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por haber venido a la tierra a traernos el don de la reconciliación. Contigo mi vida ha encontrado un sentido verdadero. Ayúdame a tomar conciencia de que el demonio quiere alejarme de Ti, pero contigo puedo caminar con la certeza de que tu gracia y amor vencen el mal que hay en mi corazón. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Santa María, Madre del Señor Jesús y nuestra, obtennos la presencia vivificante del Espíritu, y la gracia de andar siempre por los caminos de Dios.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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