Mi vida en Xto

Oración del viernes: “Aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón”

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, en este momento de oración quiero ponerme en tu presencia. Sé que me conoces profundamente y me entiendes, por eso puedo acercarme a Ti con total confianza. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y seguir tus enseñanzas.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante que eres Tú. Y algunas veces también siento que mis pecados son como una carga pesada que tengo que llevar. Perdóname, Señor, y ayúdame a confiar más en Ti. Sé que si sigo tus pasos, todo se hace llevadero, sé que tu amor y tu misericordia hacen mi cruz más ligera.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (San Mateo 11,25-30)

Jesús dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a Mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de Mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Lectura espiritual breve

Este texto de Santa Teresa de Calcuta que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

«Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio. La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él. Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente. El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine. Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quién es. Si la acusan no se desalentará; si alguien la llama santa no se pondrá sobre un pedestal».

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Ayúdame a tener un corazón humilde como el tuyo, a ser manso y a saber poner en Ti mi confianza y seguridad.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojoi misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día

Homilía del Papa Francisco