Mi vida en Xto

Oración del viernes: «¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?»

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 23 – Viernes
13 de septiembre de 2019

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, gracias por tu infinito amor y por regalarme cada día nuevas oportunidades para acercarme a Ti. Te pido que me ayudes a meditar en el daño que me hago a mí mismo cuando juzgo y murmuro de mis hermanos. Ayúdame a vivir la caridad como me pides.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Perdóname Señor por mis muchos pecados. Sabes bien que soy frágil y que muchas veces torpemente sigo optando por el mal. Sé bien que conoces mi corazón y ves más allá, mirándolo con ternura y misericordia. Que sea esta confianza la que nutra mi esperanza y mi deseo de ponerme en pie para seguir luchando.

Lectura Bíblica: Lc 6,39-42 

Les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano».

Lectura espiritual breve

Lee lo que nos comparte el Padre Alberto Hadad:

Una experiencia humana común es la de ver con mucha claridad los defectos de los demás, especialmente aquellos que a uno le incomodan. Paradójicamente, es bastante difícil poder identificar los propios defectos. Basta pensar lo doloroso que resulta aceptar las correcciones o las veces en que alguien evidencia un defecto que puede haber pasado desapercibido por mucho tiempo para uno mismo. 

Hoy el Señor nos invita a hacer un ejercicio de reflexión: vernos a nosotros mismos con misericordia para descubrir aquello en lo que estamos fallando. Este ejercicio nos ayuda a ser mejores personas al aceptar los propios defectos, y seguramente nos ayudará a “aceptar con paciencia los defectos de los demás” según dice una de las Obras de Misericordia espirituales. Quien se abre a recorrer este camino de la verdad, aprende a ser un auténtico guía de los demás ya que ha recorrido el camino de la conversión. Permitamos que nuestra Madre María nos acompañe en este camino.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿Soy humilde para reconocer mis propios errores y defectos?

2. ¿Los defectos de qué persona me cuesta tolerar en este momento de mi vida? ¿Cómo puedo dar pasos para mejorar esta relación?

3. ¿Me estoy esforzando por vivir las obras de misericordia espirituales?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este momento de oración y encuentro contigo. Gracias Señor por recordarme que cuando juzgo me cierro a tu amor y pongo barreras que me alejan de la comunión contigo y con los demás. Que esta sea una ocasión para tomar conciencia y poner medios concretos para vivir el amor auténtico. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Tí clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Tí suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.