Mi vida en Xto

Oración del jueves: “¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 33 – Jueves
19 de noviembre de 2020

jesus-llora James Tissot

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Aquí estoy, Señor, nuevamente para compartir contigo, para conocerte más y dejarme iluminar por tu Palabra. Te pido que me ayudes a acercarme con humildad, reconociendo mis debilidades, consciente de que no siempre respondo a tu llamada pero con la disposición de cambiar, de crecer y seguir tu voz de ahora en adelante.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Buen Jesús, Tú que has venido a traer el perdón a los pecadores, que viniste para estar con los enfermos y los necesitados, acoge en tu perdón a este hermano tuyo. Me presento ante ti frágil y pecador, necesitado de tu abrazo de amor, con la plena conciencia que no soy perfecto, que he caído, que he faltado en obra y omisión, pero confiado en tu misericordia de todo corazón te pido perdón.

Lectura bíblica según el Evangelio del día

“¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz!” (Lc 19,41-44).

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: “¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hay algo que llama la atención en este pasaje, dice que Jesús se acercó a la ciudad santa, a Jerusalén y lloró por ella. ¿Qué puede ser tan terrible que ha sido causa del llanto de Dios? Jesús había llorado antes por la muerte de su amigo Lázaro, pero hoy es por la ciudad. Llora por Jerusalén porque sus habitantes no han querido convertirse.

Porque Dios ha hecho hasta lo imposible para que abran los ojos: les mandó profetas, hizo milagros, les dejó las Sagradas Escrituras, incluso, vino Dios mismo en persona, hecho hombre, pero no lo reconocieron. Y Jesús llora porque Jerusalén será destruida. No por un castigo divino, sino a consecuencia de su propia maldad, por la dureza de corazón de sus habitantes. Así como un médico diagnostica una enfermedad, si es que el paciente no cambia sus hábitos alimenticios, así el Señor les ha anunciado cómo van a terminar si no se convierten.

Y así como lloró por su ciudad santa, me atrevería a decir que Jesús también llora por su Iglesia, llora por nosotros. Llora por nuestros sufrimientos, pero también por nuestros pecados, por nuestra dureza de corazón, por nuestra falta de arrepentimiento cuando no nos queremos convertir. Por eso el sacrificio agradable a Dios es un espíritu arrepentido y humillado. Esa es la gran alegría de Dios, nuestra conversión.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Reconozco que Jesús es el Señor y vivo según sus enseñanzas?

2.- ¿Qué me sobra y qué me falta para ser más como Jesús? ¿Cómo puedo convertirme más a Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias Señor por este momento de oración, por la oportunidad que me das de detenerme un instante para aprender de Ti, para conocerte más, para mejorar nuestra amistad. Te pido que me ayudes a ser misericordioso así como Tú eres conmigo. Ayúdame Buen Señor a no juzgar a mi prójimo, sino a hacer siempre lo posible para llevarlo cada vez más cerca de tu corazón.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pide la intercesión de María rezando esta oración:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permanecés siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.