Mi vida en Xto Pascua

Oración del martes: «Yo soy el pan de la vida»

Año C – Pascua – Semana 03 – Martes
12 de abril de 2016

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, vengo a tu encuentro en esta oración pues reconozco que tengo hambre y sed de Ti. Te pido que avives en mi interior este deseo de estar en comunión contigo para que en todo lo que haga busque siempre tu Rostro.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Buen Señor, sé que soy débil y pecador. Sé que muchas veces he intentado saciar mi hambre de vida eterna con realidades pasajeras. Te pido que me perdones y confío que con la Fuerza de tu Espíritu pueda luchar contra el pecado en mi corazón.

Lectura Bíblica: Jn 6,30-35

Ellos entonces le dijeron:
«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito:
“Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les respondió:
«En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús:
«Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

Lectura espiritual breve

Lectura breve del Padre Juan José Paniagua:

Hace unas semanas hemos celebrado la Semana Santa y aún recordamos a Jesús en la cruz sufriendo y clamando: tengo sed. Pero hoy escuchamos a Jesús que se ofrece como alimento: el que viene a Mí no tendrá hambre, el que cree en Mí nunca tendrá sed.

Es Jesús quien está sediento, pero no de agua, sino de nuestra fe. Y al mismo tiempo es el único que puede saciar esa sed profunda que también nosotros tenemos, la sed de eternidad, de infinito, de lo que no se acaba. Porque muchas veces queremos saciar nuestro hambre y sed de infinito, con las cosas que se acaban, con las cosas que este mundo nos ofrece. Pero nunca nos satisfacen y surge la codicia y el deseo de tener más aún, pero nos dejan cada vez más vacíos, más sedientos y hambrientos. Pero con las cosas de Dios es distinto. Las cosas de Dios sí nos llenan, sí nos sacian, y al mismo tiempo va surgiendo el deseo que tenerlas más todavía, porque ensanchan el corazón, engrandecen el espíritu. Porque descubres que son un tesoro y el deseo se acrecienta y el amor crece. Eso es lo que Jesús nos ofrece el día de hoy: “Yo soy el Pan de vida, el que viene a Mí no pasará hambre, el que cree en Mí, no pasará sed”. Jesús es el Pan de vida, que nos alimenta de verdad, que no nos deja vacíos, el que recibimos en la Eucaristía.

Nadie en este mundo quiere padecer hambruna o morir sediento. Pero tener hambre y sed de Dios, de verdad que es una bendición. El mundo con sus ofertas nos quiere hacer perder el apetito por las cosas de Dios. No olvidemos, que sin apetito, nos terminamos muriendo. Una persona que no come porque no tiene apetito está enferma. Por eso evalúate el día de hoy: ¿Cómo está tu apetito, tu deseo por las cosas de Dios? Que podamos decir siempre, como dijeron hoy los discípulos: Señor danos siempre de este pan.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Te experimentas hambriento, necesitado de Dios? ¿Buscas al Señor con frecuencia y con piedad en la Eucaristía?

2.- ¿A qué otras cosas que el mundo nos ofrece quizá te ves un poco apegado, con la ilusión de que van a saciar tu hambre profundo?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor pues me ayudas a reconocer que tengo hambre del Pan verdadero que baja del Cielo, y te pido que siempre en mi vida busque saciar mi hambre y sed de infinito en el encuentro personal contigo. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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