Mi vida en Xto

Oración del viernes: “El día que se manifieste el Hijo del hombre”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 32 – Viernes
11 de noviembre de 2016

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+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te pido en esta oración que me ayudes a profundizar en tu Palabra, a conocerte un poco más por medio de ella y escuchar lo que me quieres decir hoy. Ayúdame a hacer a hacer silencio en mi mente y corazón para acoger tu Presencia en mi interior en este momento de oración.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, veo tu amor que me sobrepasa e inunda mi ser y veo también que muchas veces no correspondo a ese gran amor que me tienes, al sacrificio de amor que hiciste por mí y que se actualiza en cada Eucaristía. Te pido perdón por todas mis faltas, porque soy frágil y me reconozco pecador. Ayúdame a confiar más en tu gracia y a cooperar cada día mejor con ella.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“El día que se manifieste el Hijo del hombre”. (San Lucas 17, 26-37)

«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.» Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

Lectura espiritual breve

Te compartimos esta breve reflexión del Padre Alberto Hadad:

A lo largo de la historia muchos movimientos han anunciado el fin del mundo, el castigo de Dios a la humanidad o la segunda venida de Cristo en una fecha determinada. Claramente estas predicciones han probado ser falsas ya que la humanidad sigue en pie a pesar de los dramas que enfrenta en la actualidad.

En el Evangelio de hoy, el Señor Jesús nos invita a estar siempre preparados para su venida teniendo la esperanza puesta en Él. La referencia a sucesos de destrucción tomados del Antiguo Testamento tienen por objetivo invitarnos a llevar una vida de virtud y a estar en gracia de Dios. Lo que queda muy claro del anuncio es que nadie sabe el día ni la hora en que vendrá el Señor. Por eso hay que hacer caso omiso a falsos anuncios del fin del mundo y preocuparnos para acoger la exhortación del Señor a “perder la vida para ganarla” que implica renunciar al pecado y estar siempre preparados para el encuentro con Dios que es justo y misericordioso.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Vivo con esperanza y confianza en Dios en mi vida cotidiana?

2.- ¿Me esfuerzo por estar en paz con Dios y con mi prójimo?

3.- ¿Me esfuerzo por “perder la vida para ganarla”? En otras palabras: ¿me esfuerzo por renunciar a lo que me aparta de Dios para vivir una vida según sus enseñanzas?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este momento de oración, de diálogo contigo. Te pido Buen Jesús que me ayudes a estar siempre vigilante en mi vida y atento a cumplir tu Plan, para que al final de mis días pueda encontrarme contigo en el Cielo. Ayúdame a esforzarme todos los días por entregar mi vida por Ti y por mis hermanos, amando como Tú amas y así tener un corazón que se asemeje cada día más al tuyo.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Encomendémonos a nuestra Madre rezando:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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