Mi vida en Xto

Oración del lunes: “Mujer, estás curada de tu enfermedad”

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 30 – Lunes
24 de octubre de 2016

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+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración inicial

Jesús, creo profundamente en Ti y sé que eres la luz que ilumina mi existir. Te pido al iniciar esta oración, que me ayudes a tener el silencio interior para escuchar tu voz de amigo verdadero y así, pueda caminar tus caminos que me llevarán a la felicidad eterna.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, soy consciente de que muchas veces escojo mal mis caminos y opto por alejarme de Ti. Te pido perdón de todo corazón. Sé que Tú viniste a reconciliarnos y sanarnos del pecado, por eso te pido, Buen Señor, que cures todas mis heridas y me ayudes a vivir siempre según tus palabras.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Mujer, estás curada de tu enfermedad” (San Lucas 13,10-17).

Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera. Jesús, al verla, la llamó y le dijo: “Mujer, estás curada de tu enfermedad”, y le impuso las manos. Ella se enderezó en seguida y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: “Los días de trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el sábado”. El Señor le respondió: “¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para llevarlo a beber? Y esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el día sábado?”. Al oír estas palabras, todos sus adversarios se llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que él hacía.

Lectura espiritual breve

Lee estas palabras del Padre Juan José Paniagua:

Hoy Jesús libera a una mujer de la acción de un espíritu inmundo que la mantenía encorvada y le impedía levantar la cabeza. Eso hace el Maligno con nosotros. En realidad su gran victoria no es tanto hacernos caer en un pecado o en otro, sino dejarnos encorvados, es decir, mirando al suelo, hacernos perder la esperanza, la confianza en Dios. Nos deja mirándonos a nosotros mismos, sin salir de nuestros problemas, perdiendo el horizonte. Porque los pecados concretos que cometemos, sabemos bien que Dios los perdona todos, cada vez que venimos arrepentidos. Pero cuando perdemos la esperanza, es distinto, ahí el mal realmente ha ganado, porque ha logrado que ya no busquemos a Dios, que perdamos la confianza en Él y en la fuerza de su misericordia.

Pero Jesús al encontrarse con esta mujer, le impone las manos y la cura. Dice el Evangelio que “se enderezó enseguida”. Eso hace el Señor, quiere enderezarnos, para que miremos a lo alto, para que sigamos adelante, porque Él lo perdona todo. Jesús nos devuelve la esperanza.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1. ¿Te descubres también a veces encorvado, es decir, muy metido en ti mismo, en tus problemas, falto de esperanza?

2. ¿Cuánto acudes a la oración, al sacramento de la Confesión, a la Eucaristía para dejar que Jesús te cure, y te ayude a ver la realidad de manera distinta?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor porque me has concedido este momento de oración, de encuentro contigo. Ayúdame a reconocer cuánto necesito de Ti. Que no crea, Señor, que con mis propias fuerzas soy capaz de todo. Sino que reconozca cuánto necesito de Ti, y te busque incesantemente cada uno de mis días.  Amén

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén..

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

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