Mi vida en Xto

Oración del lunes: “Auméntanos la fe”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 32 – Lunes
13 de noviembre de 2017

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración inicial

Señor Bueno, Tú que movido por el infinito amor a los hombres te hiciste uno entre nosotros para reconciliarnos, te pido me concedas el don de tu presencia. Buen amigo, ayúdame a reconocer esa presencia y a estar atento a lo que me quieres decir en esta oración, para que pueda así responder al don de tu amor con mi propia entrega.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, Tú me has amado siempre, y yo tantas veces rechazo ese amor con mi pecado. Me arrepiento con sincero corazón y ruego tu misericordia. Por eso, consciente que tu amor es siempre más grande que mi pecado, y que su brillo se manifiesta de manera especial en tu perdón, me acojo a tu gracia para alcanzar con mi colaboración la conversión de mi corazón.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Auméntanos la fe” (Lc 17,1-6).

Les dijo a sus discípulos: -Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino y que le arrojaran al mar, que escandalizar a uno de esos pequeños: andaos con cuidado. “Si tu hermano peca, repréndele; y, si se arrepiente, perdónale. Y si peca siete veces al día contra ti, y siete veces vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, le perdonarás. Los apóstoles le dijeron al Señor: -Auméntanos la fe. Respondió el Señor: -Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esta morera: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería.

Lectura espiritual breve

Leamos estas palabras del Papa Francisco:

Y, ¿qué nos responde el Señor? Responde: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería». La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen, es más, como pide Jesús en el Evangelio, dicen: «Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Cómo estoy viviendo la corrección fraterna en mi vida?

2.- ¿Cuándo alguien me corrige lo recibo con humildad, procuro arrepentirme y enmendarme?

Acción de gracias y peticiones personales

Te doy gracias, Buen Jesús, porque me amas con un amor cercano y me hablas en tu Evangelio. Por medio de él, me invitas a acrecentar mi fe, a descubrir que es un don que debo pedirte, así como tus apóstoles lo hicieron. Mi corazón anhela responderte y se descubre muchas veces insuficiente para realizar esa respuesta. Señor Jesús, conozco mis fragilidades y limitaciones, conozco también las dificultades de un mundo que rechaza la idea de la entrega generosa para vivir el noble ideal de la vida cristiana; por eso te pido me ayudes: Señor mío, acrecienta mi fe. Concédeme la gracia para ser coherente, y así pueda yo testimoniar nuestra amistad al mundo entero.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.

 

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Lecturas de la Misa del día

Homilía del Papa Francisco