Mi vida en Xto

Oración del jueves: “Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros”

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 07 – Jueves
23 de febrero de 2017

San Policarpo de Esmirna, Obispo y Mártir

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, puesto en tu presencia te pido que me ayudes a disponerme a escuchar tu palabra para que, comprendiéndola en la mente, y atesorándola en el corazón, pueda vivirla día a día en la acción.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, Tú que eres un Dios misericordioso y que conoces mi corazón, perdona mis pecados, faltas y omisiones. Sé que yo no merezco el perdón, pero también sé que tu amor misericordioso es más grande que mis pecados. Ayúdame, Buen Señor, a ser radical en mi lucha contra el mal y el pecado.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.” (San Marcos 9,41-50)

Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.» «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar. Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo; pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna. Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo; pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. Pues el mismo fuego los conservará. La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.»

Lectura espiritual breve

Lee esta reflexión del Padre Juan José Paniagua que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hoy el Señor plantea uno de los Evangelios más exigente de todos, que nos deja una interrogante: ¿Si algún miembro de tu cuerpo te llevara a pecar, te lo cortarías? Yo reconozco que no, de hecho no lo haría. Y efectivamente Jesús no nos pide eso. Yo me iría a confesar todas las veces que sean necesarias. Pero al mismo tiempo, si mi salvación dependiera de un ojo o una pierna, le diría, Señor llévatela, porque lo que más deseo es estar contigo para siempre.

Nuestra salvación es el mayor bien que puede haber. Nada en esta vida es tan valioso que se pueda anteponer o sea más importante que nuestra salvación. Y a eso va la lectura del día de hoy. Nos quiere mostrar que si deseamos el bien con todas nuestras fuerzas, no podemos entrar en negociaciones con el mal. En el fondo el Señor nos está invitando a desear la santidad con todo el corazón. Y lo duro de este lenguaje es para mostrar la radicalidad que debe tener nuestra decisión: no podemos estar negociando con el mal, porque nuestra opción no puede ser a medias, hay que rechazar el mal desde el primer asalto. A eso se refiere el Señor.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué mal hábito, mala costumbre, amistad negativa, lugar poco adecuado descubres que es necesario erradicar de tu vida, para que no te aleje de Dios y de las personas que te necesitan?

2.- ¿Qué puedes hacer para vivir con mayor coherencia tu vida, para dar un mejor testimonio de vida cristiana?

Acción de gracias y peticiones personales

Acción de gracias Gracias Señor por este momento de oración. Gracias por iluminar mi vida con tu palabra. Ayúdame a mantenerme firme y perseverante en tu camino para que, testimoniando con mis acciones la luz de tu Buena Nueva, pueda cooperar también yo con tu obra de reconciliación.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permanecés siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Lecturas de la Misa del día

Homilía del Papa