Angelus Papa Francisco

Angelus en día de Todos los Santos: «[Los santos] son felices y nos quieren felices con ellos en el paraíso»

Ciclo B – Tiempo Ordinario – Semana 30 – Jueves
1° de noviembre de 2018

Solemnidad de Todos los Santos

Esta mañana, Solemnidad de Todos los Santos, Papa Francisco se ha asomado esta mañana a mediodía a  la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la habitual cita dominical.

Estas han sido las palabras del Santo Padre al presentar la oración mariana:

Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

La primera lectura de hoy, del Libro del Apocalipsis, nos habla del cielo y nos coloca ante «una muchedumbre inmensa», que nadie podía contar, «de toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Apocalipsis 7,9). Son los santos. ¿Qué hacen “allá arriba”? Cantan juntos, alaban a Dios con alegría. Sería hermoso escuchar su canto … Pero podemos imaginarlo: ¿sabéis cuándo? Durante la misa, cuando cantamos “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo …”. Es un himno, dice la Biblia, que viene del cielo, que se canta allí (cf. Is 6,3, Ap 4,8), un himno de alabanza. Entonces, cantando el “Santo”, no solo pensamos en los santos, sino que hacemos lo que ellos hacen: en ese momento, en la misa, nos unimos a ellos más que nunca.

Y estamos unidos a todos los santos: no solo a los más conocidos, del calendario, sino también a los “de la puerta de al lado”, a los miembros de nuestra familia y conocidos que ahora forman parte de esa inmensa multitud. Hoy, pues, es una fiesta familiar. Los santos están cerca de nosotros, de hecho, son nuestros verdaderos hermanos y hermanas. Nos entienden, nos aman, saben lo que realmente es nuestro bien, nos ayudan y nos esperan. Son felices y nos quieren felices con ellos en el paraíso.

Por este motivo, nos invitan al camino de la felicidad, indicado en el Evangelio de hoy, tan hermoso y conocido: «Bienaventurados los pobres de espíritu» Bienaventurados […] los mansos, Bienaventurados los puros de corazón … (cf. Mt 5, 3-8) . El Evangelio dice bienaventurados los pobres, mientras que el mundo dice bienaventurados los ricos. El Evangelio dice bienaventurados los mansos, mientras que el mundo dice bienaventurados los arrogantes. El Evangelio dice bienaventurados los puros mientras que el mundo dice bienaventurados los astutos y los que se divierten. Este camino de la bienaventuranza, de la santidad, parece conducir al fracaso. Y, sin embargo, —la primera lectura nos lo recuerda otra vez— los santos tienen «ramos de palma en sus manos» (vr. 9), es decir, los símbolos de la victoria. Han ganado ellos, no el mundo. Y nos exhortan a elegir su parte, la de Dios que es santo.

Preguntémonos de qué lado estamos: ¿del cielo o de la tierra? ¿Vivimos para el Señor o para nosotros mismos, para la felicidad eterna o para alguna satisfacción ahora? Preguntémonos: ¿realmente queremos la santidad? ¿O nos contentamos con ser cristianos sin pena ni gloria, que creen en Dios y estiman a los demás pero sin exagerar? El Señor «lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados». (Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 1). En resumen, ¡o santidad o nada! Es bueno para nosotros dejarnos incitar por los santos, que no han tenido medias tintas aquí y desde allí son “hinchas” nuestros, para que elijamos a Dios, la humildad, la mansedumbre, la misericordia, la pureza, porque nos apasiona el cielo más que la tierra. 

Hoy, nuestros hermanos y hermanas no nos piden que escuchemos otra vez un bello Evangelio, sino que lo pongamos en práctica, que emprendamos el camino de las Bienaventuranzas. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de seguir todos los días este camino que nos lleva al cielo, nos lleva a la familia, nos lleva a casa. Así que hoy vislumbramos nuestro futuro y celebramos aquello por lo que nacimos: nacimos para no morir nunca más, ¡nacimos para disfrutar de la felicidad de Dios! El Señor nos anima y quienquiera que tome el camino de las Bienaventuranzas dice: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt 5,12). ¡Que la Santa Madre de Dios, Reina de los santos, nos ayude a caminar decididos por la senda de la santidad! Ella, que es la Puerta del Cielo, lleve a nuestros amados difuntos a la familia celestial.

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Saludo con afecto a todos vosotros, peregrinos de Italia y varios países, familias, grupos parroquiales, asociaciones y grupos escolares.

Dirijo un saludo especial a los participantes en la Carrera de los Santos, organizada por la Fundación “Misiones Don Bosco” para vivir el aniversario de Todos los Santos en una dimensión de fiesta popular. ¡Gracias por vuestra hermosa iniciativa y por vuestra presencia!

Mañana por la tarde iré al cementerio Laurentino en Roma: os invito a acompañarme con la oración en este día de sufragio por aquellos que nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz.

Os deseo a todos una feliz fiesta en la compañía espiritual de los santos. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!