Lunes después de Pentecostés
Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
Gn 3,9-15.20 / Sal 86 (87),1-2. 3 et 5.6-7 / Jn 19,25-27
PRIMERA LECTURA
Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer.
Lectura del libro del Génesis 3, 9-15.20
Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó y le dijo: «Dónde estás?».
Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?».
La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 86 (87), 1-2. 3 et 5. 6-7
R/. Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios.
¡Esta es la ciudad que fundó el Señor
sobre las santas Montañas!
El ama las puertas de Sión
más que a todas las moradas de Jacob. R.
Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios:
Así se hablará de Sión:
«Este, y también aquél, han nacido en ella,
y el Altísimo en persona la ha fundado». R.
Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:
«Este ha nacido en ella».
Y todos cantarán, mientras danzan:
«Todas mis fuentes de vida están en ti». R.
Aleluya y versículo antes del evangelio
Oh feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh santa Madre de la Iglesia, que en nosotros alimentas el Espíritu de tu Hijo, Jesucristo.
EVANGELIO
Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.
Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquél tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «Mujer, ahí está tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí está tu madre». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.
Palabra del Señor.