Mi vida en Xto

Oración del viernes: “El día que se manifieste el Hijo del hombre”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 32 – Viernes
15 de noviembre de 2019

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, te pido en esta oración que me ayudes a profundizar en tu Palabra, a conocerte un poco más por medio de ella y escuchar lo que me quieres decir hoy. Ayúdame a hacer a hacer silencio en mi mente y corazón para acoger tu Presencia en mi interior en este momento de oración.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, veo tu amor que me sobrepasa e inunda mi ser y veo también que muchas veces no correspondo a ese gran amor que me tienes, al sacrificio de amor que hiciste por mí y que se actualiza en cada Eucaristía. Te pido perdón por todas mis faltas, porque soy frágil y me reconozco pecador. Ayúdame a confiar más en tu gracia y a cooperar cada día mejor con ella.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“El día que se manifieste el Hijo del hombre”. (Lc 17, 26-37)

«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.» Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

Lectura espiritual breve

Meditemos en lo que nos dice el Papa Emérito Benedicto XVI:

Jesús, que en la Navidad vino a nosotros y volverá glorioso al final de los tiempos, no se cansa de visitarnos continuamente en los acontecimientos de cada día. Nos pide estar atentos para percibir su presencia, su adviento, y nos advierte que lo esperemos vigilando, puesto que su venida no se puede programar o pronosticar, sino que será repentina e imprevisible. Sólo quien está despierto no será tomado de sorpresa. Que no os suceda -advierte- lo que pasó en tiempo de Noé, cuando los hombres comían y bebían despreocupadamente, y el diluvio los encontró desprevenidos. Lo que quiere darnos a entender el Señor con esta recomendación es que no debemos dejarnos absorber por las realidades y preocupaciones materiales hasta el punto de quedar atrapados en ellas. Debemos vivir ante los ojos del Señor con la convicción de que cada día puede hacerse presente. Si vivimos así, el mundo será mejor (…) Preparémonos para acoger al Señor que viene continuamente a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad; preparémonos para encontrarlo en su venida última y definitiva.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.-¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por este momento de oración, de diálogo contigo. Te pido Buen Jesús que me ayudes a estar siempre vigilante en mi vida y atento a cumplir tu Plan, para que al final de mis días pueda encontrarme contigo en el Cielo. Ayúdame a esforzarme todos los días por entregar mi vida por Ti y por mis hermanos, amando como Tú amas y así tener un corazón que se asemeje cada día más al tuyo.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Encomendémonos a nuestra Madre rezando:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.