Mi vida en Xto

Oración del jueves: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 31 – Jueves
7 de noviembre de 2019

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Buen Jesús, hoy nuevamente me pongo en tu presencia. Sé que tu eres el Buen Pastor que sale al encuentro de sus ovejas. Por eso te pido Señor que salgas al encuentro de esta oveja tuya y la ayudes a escuchar tus enseñanzas para que pueda hacerlas vida en él.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Quiero decirte también Jesús, que junto con el amor que te tengo, descubro en mi interior una contradicción muy profunda, pues mis obras muchas veces me alejan de Ti. Te pido perdón Señor de todo corazón por mis pecados, y te ruego que me des tu gracias para ponerme de pie y no faltar más contra Ti.

Lectura bíblica según el Evangelio del día

“Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido” (Lc 15,1-10).

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido”. Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.

Lectura espiritual breve

 Reflexiona con este texto del Padre Juan José Paniagua:

Hoy el Evangelio nos presenta dos de las tres parábolas de la misericordia, que nos hablan de la ternura del amor de Dios hacia nosotros. Primero nos habla de una oveja. La oveja es de los animales más indefensos, no tiene nada con qué protegerse del agresor. Y si no tiene alguien que la guíe, simplemente se pierde, tiene un sentido de orientación muy pobre, necesita alguien que la conduzca. Así Dios se relaciona con nosotros, como el pastor con su pequeña oveja necesitada. Necesitamos de sus cuidados, de su guía, de su protección, de su perdón, porque sin Él nos extraviamos.

Y luego nos habla de la parábola de la dracma perdida. Esta moneda que es la de menor valor, que no alcanza para comprar nada. Porque a veces somos así, nuestros errores, defectos y pecados a veces nos hacen sentirnos tan pequeños, tan débiles. Pero a los ojos de Dios lo valemos todo, por más insignificantes que podamos parecer. Por eso la mujer de esta parábola hace todo para encontrar su pequeña moneda perdida y al encontrarla se alegra con todas sus amigas.

Por eso, al dejarnos amar por Dios, podríamos decir de alguna manera que nos convertimos en su alegría. Porque esa es la palabra que más se repite en el Evangelio de hoy: que Dios se alegró. Perdonarnos porque estamos necesitados, encontrarnos porque estamos perdidos, es la alegría de Dios. Dejémonos amar por Él, porque cuando nos dejamos amar, nos llenamos de su amor y de eso vivimos, de ahí tenemos mucho para compartir con los demás. Como dicen: “A la Iglesia venimos para ser amados por Dios y salimos para amar a los demás”.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Buscas al Señor con frecuencia para pedirle perdón? 

2.- ¿Te identificas con la oveja perdida, o te consideras de los que no necesitan que Dios los busque porque están bien?

Acción de gracias y peticiones personales

Señor, mi Buen Pastor. Tú sabes que soy frágil y pecador y que, más que nadie, necesito de Ti. Es fácil convencerse de que tengo problemas o de que no tengo pecados, pero cuando veo tu rostro de amor, me soy cuenta que muchos de mis actos y pensamientos se alejan de Ti. Te pido Señor que me ayudes a ser humilde y reconocer la inmensa necesidad que tengo de tu misericordia. Ayúdame a no dejar nunca de aceptar que sólo en Ti podré ser plenamente feliz.  Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permaneces siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.