Mi vida en Xto

Oración del sábado: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos”

Ciclo B – Tiempo Ordinario – Semana 01- Sábado
13 de enero de 2018

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Sé, Señor, que siempre estás conmigo y eres todo amor. Te pido que ilumines mi mente y mi corazón en este momento de oración para poder abrir mi interior a la verdad y vivir en la verdad.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Con humildad vuelvo mi corazón a Ti, Señor, y te pido que me perdones por todas las veces en que he andado el camino del mal. Concédeme la fuerza para poder convertirme cada día más a Ti.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos” (Mc 2,13-17).

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”. Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Lectura espiritual breve

Esta meditación de San Pedro Crisólogo (Obispo del s. V) te ayuda en la meditación:

«¿Por qué vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Dios es acusado de abajarse hacia el hombre, de sentarse cerca del pecador, de tener hambre de su conversión y sed de su retorno, de preferir el alimento de la misericordia y la copa de la benevolencia. Pero Cristo, hermanos míos, vino a esta comida; la Vida ha venido para estar entre los invitados a fin de que, condenados a muerte, vivan la Vida; la Resurrección se ha acostado para que los que yacen se levanten de sus tumbas; la Bondad se ha abajado para levantar a los pecadores hasta el perdón; Dios ha venido hasta el hombre para que el hombre llegue hasta Dios; el juez ha venido a la comida de los culpables para sustraer a la humanidad de la sentencia de condenación; el médico ha venido a los enfermos para restablecerlos comiendo con ellos; el Buen Pastor ha inclinado la espalda para devolver la oveja perdida al establo de la salvación.  “¿Porqué nuestro maestro come con publicanos y pecadores?” Pero, ¿quién es pecador sino el que rechaza verse como tal? Dejar de reconocerse pecador ¿no es hundirse más en su propio pecado y, para decir verdad, identificarse con él? Y ¿quién es el injusto sino aquel que se cree justo?… Vamos, fariseo, confiesa tu pecado y podrás venir a la mesa de Cristo; por ti Cristo se hará pan, ese pan que se romperá para el perdón de tus pecados: Cristo será para ti la copa, esa copa que será derramada para el perdón de tus faltas. Vamos, fariseo, comparte la comida de los pecadores y Cristo compartirá tu comida; reconócete pecador y Cristo comerá contigo; entra con los pecadores al festín de tu Señor y podrás no ser ya más pecador; entra con el perdón de Cristo en la casa de la misericordia».

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Señor Jesús, gracias por este momento de oración y de meditación en tu Palabra. La conciencia de cuánto necesito de Ti me ayuda a buscarte con mayor ardor. Quiero ser cada vez más dócil y silente para acogerte en mi corazón y permanecer siempre contigo.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.