Material Mariano Rosarios

Santo Rosario – Misterios Gozosos

Misterios Gozosos (Descargar)

Monición inicial

Ofrecemos este Rosario por la salud e intenciones del Santo Padre Francisco.

Por la señal de la Santa Cruz…

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Credo, Padre Nuestro, 3 Ave María y Gloria.

Hoy vamos a meditar los misterios gozosos,

Primero Misterio: La Anunciación – Encarnación

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre, llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella estaba dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús”… Dijo María: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”». (Lc 1,26-38).

El hágase de María, nos muestra, no solo la gran docilidad de nuestra Madre al Plan de Dios, sino la acogida amorosa del don de la maternidad, con la que ha sido bendecida. El mismo Dios nos recuerda, que ha sido Él quien desde la eternidad nos ha llamado a nuestra vocación personal y al igual que nuestra madre María, a responder con un hágase a asumirla con amor.

Segundo Misterio: La visitación

«En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María…quedó llena del Espíritu Santo». (Lc 1, 39-41).

La alegría de llevar consigo al reconciliador, lleva a nuestra madre Santa María a salir presurosa al encuentro de su prima Isabel, así también nosotros, que hemos experimentado la alegría de anunciar a Jesús, reconozcamos en ello una gran bendición de Dios, puesto que El en su inmenso amor por la humanidad nos ha elegido para ser sus apóstoles.

Tercer Misterio: El Nacimiento del niño Jesús

«José y María salieron de Nazaret hacia Belén y, “mientras ellos estaban allí se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”». (Lc 2, 6-7).

La alegría de María se hace más plena con el nacimiento de su hijo, el Señor Jesús, y todos estos momentos los guarda en su corazón. Haciendo suya la experiencia universal del género humano, Ella es ahora, modelo y guía de madre, enraizada en su maternidad divina, contribución suprema al bien del género humano.

Cuarto Misterio: Presentación del niño Jesús en el templo

«Cuando, según la ley de Moisés, se cumplieron los días de la purificación, subieron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está prescrito en la Ley del Señor: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor””… Y Simeón los bendijo y dijo a María su madre: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel y para señal que será contradicha, 35 para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones. Y una espada traspasará tu misma alma». (Lc 2, 22-35).

La vida de María como madre estuvo llena de momentos de alegría dolor, por eso nadie más que ella comprende lo que significa asumir el dolor y ser fiel aún sabiendo que una espada traspasará su alma. Por ello, hoy María nos invita a acogerla en los momentos gratos y dolorosos de la vida, para cada día aprender, de su mano, a esforzarnos por ser fieles siempre al Plan de Dios.

Quinto Misterio: Jesús, perdido y hallado en el Templo

«El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres… Aconteció que después de tres días, le encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas. Cuando le vieron, se maravillaron, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? Pero ellos no entendieron el dicho que les habló. Descendió con ellos y fue a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres». (Lc 2,43-52).

Es fácil imaginar la preocupación, angustia e inquietud, de María frente a este acontecimiento. Verdaderamente, vemos en ello que los caminos de Dios son a veces muy difíciles de comprender, incluso para personas tan llenas del Espíritu Santo y tan dóciles a Él, como María y José. Sin embargo, María conserva en su corazón docilidad al Plan de Dios, pues sabe que todo proviene de Él. Así, nosotros, con un corazón dócil entreguémonos con confianza a los planes de Dios, encaminándonos a la búsqueda y encuentro de quién es El Camino, La Verdad y La Vida.

Monición final

Terminamos rezando (o cantando) La Salve.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.