Material Mariano Rosarios

Santo Rosario – Misterios Dolorosos

Misterios Dolorosos (Descargar)

Monición inicial

Ofrecemos este Rosario por la salud e intenciones del Santo Padre Francisco.

Por la señal de la Santa Cruz…

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Credo, Padre Nuestro, 3 Ave María y Gloria.

Iniciemos nuestra meditación pidiendo la intercesión de nuestra Madre María para que nos eduque y ayude a acoger en nuestras vidas las enseñanzas de los misterios de dolor. (un momento de silencio) Cantamos juntos: El mismo Dios.

Primer Misterio Doloroso: La Agonía de Nuestro Señor Jesucristo en Getsemaní

Lectura del Evangelio de San Lucas (22, 41-44):

«Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Jesús, puesto de rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y entrando en agonía oraba con más intensidad. Y le vino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo».

En el pasaje de Getsemaní Jesús nos revela una clave fundamental para nuestro combate espiritual: antes de enfrentar el momento de su angustia, Él invita a sus discípulos a permanecer en oración para no caer en tentación. Sin embargo los discípulos no pudiendo permanecer vigilantes, se duermen. Es importante notar que la invitación a la vigilancia antecede el momento de la angustia y es, nos dice nuestro Papa Emérito Benedicto, “un mensaje permanente para todos los tiempos, porque la somnolencia de los discípulos no sólo era el problema de ese momento, sino que es el problema de toda la historia (…) ya que ésta consiste en (…) una insensibilidad ante el mal (…) en no querer dejarnos turbar demasiado por estas cosas, pensamos que tal vez no sea tan grave, y olvidamos.”

Oración:

Madre Nuestra intercede ante el Señor por nosotros tus hijos, para que sepamos mantener una actitud vigilante en la lucha diaria por el bien y para que a semejanza de tu Hijo, el Señor Jesús, podamos pronunciar palabras de amorosa obediencia al Padre y así cooperando con su gracia, podamos ser testigos en el mundo del poder del amor que consiste en dar la vida por los amigos (cf. Jn 15:13).

Segundo Misterio Doloroso: La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo

Lectura del Evangelio de San Juan (18, 38 – 19. 122. 41-44):

«Pilato se dirigió de nuevo a los judíos y les dijo: Yo no encuentro en El ninguna culpa. Hay entre vosotros la costumbre de que os suelte uno por la Pascua, ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? Entonces gritaron de nuevo: A Este no, a Barrabás. Barrabás era un ladrón. Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó que lo azotaran».

Poncio Pilato sabe en su corazón que tiene ante sí a un hombre inocente, pero siente miedo frente a la multitud y poco a poco cede bajo la presión de la opinión pública. Nos dice el Papa Emérito Benedicto XVI “Pilato encarna una actitud que parece dominar en nuestros días: la indiferencia, el desinterés, la conveniencia personal. Para vivir tranquilos y buscando el propio beneficio, no se duda en pisotear la verdad y la justicia.”[1]

Oración:

Madre amada, como Pilato, muchas veces hemos callado o relativizado la verdad. Por eso te pedimos que ruegues por nosotros ante tu Hijo, para que nos conceda la gracia de ser fieles a la verdad y ser signos de contradicción en el mundo.

Tercer Misterio Doloroso: La Coronación de Espinas

Lectura del Evangelio de San Juan (19, 15-18):

«Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a El a toda la cohorte. Le desnudaron, le pusieron una túnica roja y trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y en su mano derecha una caña; se arrodillaban ante El y se burlaban diciendo: Salve, Rey de los judíos».

La coronación de espinas nos revela la maldad del hombre, que no bastándole con ver a Jesús humillado, ultrajado y medio muerto por las heridas de la flagelación, realiza un acto sarcástico, de burla: trenzan una corona de espinas, revisten a Jesús de purpura real y se arrodillan gritando el saludo imperial «Ave, César». Pero en el misterio de esta escena brilla con fuerza que la ‘lógica de Dios no es la lógica del hombre’ como nos dice el Beato Juan Pablo II “en esa burla se puede vislumbrar un signo glorioso: sí, Jesús es humillado como rey de escarnio; pero, en realidad, él es el verdadero soberano de la historia. (…) En él, que es el Dios de la gloria, está presente también nuestra humanidad doliente; en él, que es el Señor de la historia, se revela la vulnerabilidad de las criaturas; en él, que es el Creador del mundo, se condensan los suspiros de dolor de todos los seres vivos.”

Oración:

Madre Santa, en este misterio contemplamos a tu Hijo, varón de Dolores. Ayúdanos a nunca olvidar que por nosotros Jesús se sometió a – la humillación y al escarnio, ayúdanos a tener presente que tal es el amor de Dios por nosotros y tal el amor que estamos llamados a dar a los demás.

Cuarto Misterio Doloroso: El Camino al Calvario con la Cruz a Cuestas

Lectura del Evangelio de San Mateo (27, 27-29):

«Pilato entonces se lo entregó, para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y El con la cruz a cuestas salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota».

De acuerdo a una antigua Tradición, que rezamos en el Vía Crucis, En el camino al Calvario, Jesús varias veces se tropieza y cae. Sin embargo son nuestras culpas las que Él carga, son nuestros dolores las visibles llagas en su cuerpo. Contemplando a Jesús descubrimos que en el misterio de la cruz el Señor nos deja un bien que nadie más nos puede dar, como nos dice el Papa Francisco: “Nos da la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer.”[2]

Oración:

Madre del Consuelo, que la memoria de tu Hijo encorvado bajo el peso de la cruz nos recuerde el gran amor con que nos ha amado hasta la muerte. Enséñanos Madre a tener fijos nuestros ojos en el Señor, para que contemplándolo y creyendo en Él podamos anclar nuestro corazón en el cielo mientras luchamos con perseverancia por amar a semejanza suya aquí en la tierra.

Quinto Misterio Doloroso: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz

Lectura del Evangelio de San Juan (19, 16-18; 28-30):

«Y se lo entregó para que lo crucificaran. Jesús quedó en manos de los judíos y, cargado con la cruz, salió hacia el lugar llamado “la calavera”, en hebreo “Gólgota”, donde lo crucificaron. Con él crucificaron a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato, por su parte, escribió y puso sobre la cruz este rótulo: “Jesús Nazareno, el rey de los judíos”.

Después de esto, Jesús, sabiendo que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un vaso lleno de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó, dijo: “Todo está cumplido”. E, inclinando la cabeza, expiró.»

En la crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo descubrimos el gran amor de Dios por cada una de nosotros, pero al mismo tiempo, nos dice el Papa Francisco, descubrimos el llamado “a dejarnos contagiar por este amor, a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto. La Cruz nos invita a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de ellos y tenderles la mano.” ¿Cuál va a ser nuestra respuesta a este llamado? Somos “¿como Pilato, que no tiene la valentía de ir a contracorriente, para salvar la vida de Jesús, y se lava las manos? ¿Somos de los que se lavan las manos, se hacen los distraídos y miran para otro lado?, o ¿somos como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado?, ¿Como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura?”[3]

Oración:

Madre de la Misericordia, muchas veces en nuestra vida cotidiana nos centramos tanto en nosotros mismos y en nuestras preocupaciones, que perdemos de vista el horizonte y nos volvemos ciegos frente a las necesidades de los otros, frente al pobre e indefenso. Intercede por nosotros Madre Santa, para que siguiendo el amor de tu Hijo y saliendo de nosotros mismos podamos servir generosamente a los demás.

Terminamos rezando juntas La Salve.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

[1] Estaciones de la Cruz 2007.

[2] SS. Francisco JMJ Brasil Viernes 26 de Julio 2013.

[3] Ibíd.