Oración Semana Santa

VISITA A LAS SIETE IGLESIAS – Tradicional

Con la Visita al Santísimo en un Monumento por 30’ se puede ganar indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones referidas en la p. 10

La visita a las siete Iglesias es una costumbre muy antigua y popular que consiste en visitar siete capillas o templos cercanos donde esté el Santísimo Sacramento en vigilia el Jueves Santo, luego de la Misa Vespertina de la Cena del Señor.  En cada templo, se recuerda el camino de la Pasión del Señor, se hace una oración comunitaria y oración personal.  Se puede seguir el siguiente esquema:

Indicaciones:

  • Se sugiere que cada persona tenga su propio folleto, para las oraciones en común.
  • Se sugiere que en el camino entre Iglesia e Iglesia se vaya rezando, de manera comunitaria, denarios, como símbolo de la compañía de María en este recorrido.
  • En el caso de que en la Iglesia hubiesen más personas rezando, se las invita a rezar junto con el grupo o podemos rezar esta oración en grupos más pequeños en la parte de afuera del templo, para no interrumpir la oración de los demás.

T:  + Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos Señor, Dios nuestro. + En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Amén.

D:  Ahora que iniciamos el recorrido de la Pasión de nuestro Reconciliador queremos acudir a Santa María, la Inmaculada Dolorosa, para que nos guíe y acompañe.  Que Ella sea nuestra luz en medio de esta noche de dolor y entrega.  Que su ternura maternal nos permita descubrir lo purificador del dolor de un Dios que se entrega por nuestra salvación.

T:  Santa María, al recorrer en tu compañía el camino de tu Hijo, el Señor Jesús, invocamos al Espíritu de Vida, que nos dé la gracia necesaria para profundizar e interiorizar en los misterios de la Pasión del Señor.  Que así sea.  Amén.

Se reza 1 Padre Nuestro; 1 Ave María y 1 Gloria. 


1 monte de los olivos chico

Visita 1: El Señor Jesús en el huerto de los olivos

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Lc 22,39-46

«Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron. Llegado al lugar les dijo: ‘Pedid que no caigáis en tentación’. Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: ‘Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya’. Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que lo confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: “¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación”».

T:  Te pedimos Señor Jesús, realmente presente entre nosotros en la Eucaristía, que con tu gracia nos esforcemos al máximo de nuestras capacidades y posibilidades por conocer y cumplir siempre con el Plan amoroso del Padre.  Que así sea.  Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


2 anas chico

Visita 2: El Señor Jesús llevado atado a la casa de Anás

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Jn 18,19-22

«El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: “He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas.  ¿Por qué me preguntas?  Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.”  Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: “¿Así contestas al Sumo Sacerdote?” Jesús le respondió: “Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”»

T:  Señor Jesús, te adoramos y te damos gracias por el doloroso viaje que hiciste por nuestra reconciliación, cuando después de haber sudado sangre, fuiste aprendido y conducido a la casa de Anás.  Te suplicamos nos concedas paciencia y esperanza en todas las adversidades de nuestra vida. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


3 caifas chico

Visita 3: Jesús llevado atado a la casa de Caifás

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Mt 26,63-68

«Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: “Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”.  Dícele Jesús: “Sí, tú lo has dicho.  Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo.”  Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: “¡Ha blasfemado!  ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?  Acabáis de oír la blasfemia.  ¿Qué os parece?”, respondieron ellos diciendo: “Es reo de muerte”. Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle, diciendo: “Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?”».

T:  Postrados ante tu presencia real Señor, queremos una vez más, adorarte y bendecirte por tu entrega generosa. Tú que eres Dios, por sobre abundancia de amor nos has reconciliado.
Tú libremente aceptaste el Plan de Dios en tu vida y nos enseñas cómo debemos entregarnos a nuestros hermanos, amando hasta el extremo. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


4 Pilato chico

Visita 4: Jesús llevado ante Poncio Pilato

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Jn 18,35-37

«Pilato respondió: “¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” Respondió Jesús: “Mi Reino no es de éste mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí.” Entonces Pilato le dijo: “¿Luego tú eres Rey?” Respondió Jesús: “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”».

T:  Te pedimos, oh Dios Eucaristía, que nos concedas la gracia necesaria para dar testimonio de Ti ante el mundo. Tú nos has llamado y convocado para que seamos luz en medio de las tinieblas. Que tu Pasión nos enseñe a encarnar en nuestras vidas el horizonte de la vida cristiana. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


5 herodes 2 chico

Visita 5: Jesús llevado ante Herodes

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Lc 23, 8-9; 11

«Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de Él, y esperaba presenciar alguna señal que Él hiciera. Le preguntó con mucha palabrería, pero Él no respondió nada. Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de Él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato».

T:  Oh Jesús, te adoramos y te damos gracias por tu silencio en este momento de tu Pasión. Tú conoces nuestros corazones, sabes de qué están llenos y miras lo esencial en nosotros. Te pedimos que con este recorrido, en el que nos unimos a tus sufrimientos, purifiques nuestras existencias del pecado y nos permitas optar por el auténtico Amor. Que así sea. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


6 Pilato 2

Visita 6: Jesús es regresado con Pilato

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Mt 27,22-26

«Díceles Pilato: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?” Y todos a una: “¡Sea crucificado!”. “Pero ¿qué mal ha hecho?”, preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: “Sea crucificado”. Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: “Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.” Y todo el pueblo respondió “¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”. Entonces les soltó a Barrabás…»

T:  Señor Jesús, Reconciliador nuestro, te pedimos nos ayudes, con tus sacramentos y tu gracia, a vivir siempre de la Verdad. Que nunca cedamos ante la mentira y el engaño, que son frutos del pecado. Que así sea. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia


7 Jesús llevado a su pasión chico

Visita 7: Jesús llevado a su Pasión

D:  Te adoramos, Señor, y te bendecimos.
T:  Que por tu Pasión y Muerte reconciliaste al mundo.

Lectura       Mt 27,27-31

«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la corte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas se la pusieron sobre su cabeza y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de Él, le hacían burla diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de Él, le quitaron el manto, y le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.»

T:  Oh Dios Eucaristía, queremos recorrer junto contigo el camino de la salvación. Permítenos, en compañía de Santa María, la Inmaculada Dolorosa, estar de pie junto a la Cruz para gozar de los frutos de la reconciliación. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio unos momentos.


Monición final

Al finalizar nuestro recorrido recordemos las palabras de San Juan Pablo II: «Caminemos juntos, peregrinos, hacia la Cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre. Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la Cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. […] Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre»[1].

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Amén.


[1] San Juan Pablo II, Homilía a los obreros de Nowa Huta en el Santuario de la Santa Cruz de Mogila, 8/6/79, n. 1.