Oración Semana Santa

VISITA A LAS SIETE IGLESIAS – Eucarística

La Visita al Santísimo en un Monumento por 30’ es un acto enriquecido con indulgencia plenaria.

La visita a las siete Iglesias es una costumbre muy antigua y popular que consiste en visitar siete capillas o templos cercanos donde esté el Santísimo Sacramento en vigilia el Jueves Santo, luego de la Misa Vespertina de la Cena del Señor.  En cada templo, se recuerda el camino de la Pasión del Señor, se hace una oración comunitaria y oración personal.  Se puede seguir el siguiente esquema:

Indicaciones

  • Se sugiere que cada persona tenga su propio folleto, para las oraciones en común.
  • Se sugiere que en el camino entre Iglesia e Iglesia se vaya rezando, de manera comunitaria, denarios, como símbolo de la compañía de María en este recorrido.
  • En el caso de que en la Iglesia hubiesen más personas rezando, se las invita a rezar junto con el grupo o podemos rezar esta oración en grupos más pequeños en la parte de afuera del templo, para no interrumpir la oración de los demás.

T:  + Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos, + líbranos Señor, Dios nuestro. + En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Amén.

D:  Ahora que iniciamos el recorrido de la Pasión de nuestro Reconciliador queremos acudir a Santa María, la Inmaculada Dolorosa, para que nos guíe y acompañe. Que Ella sea nuestra luz en medio de esta noche. Que su ternura maternal nos permita descubrir el misterio de amor de un Dios que se entrega por nuestra salvación.

T:  Santa María, al recorrer en tu compañía el camino de tu Hijo, el Señor Jesús, invocamos al Espíritu de Vida, que nos dé la gracia necesaria para profundizar e interiorizar en los misterios de la Pasión del Señor.  Que así sea.  Amén.

Se reza 1 Padre Nuestro, 1 Ave María y 1 Gloria. 


Visita 1: La Institución de la Eucaristía

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Mt 26,26-30

Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».  Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.  Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».  Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.

T:  Te pedimos Señor Jesús, que has querido quedarte con nosotros en las especies del pan y del vino, como sacrificio de amor por nuestros pecados, que nosotros también a ejemplo tuyo nos entreguemos generosamente al cumplimiento del Plan de Dios. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 2: El Pan de Vida

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Jn 6,27-35

«Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».  Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».  Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».  Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti?  ¿Cuál es tu obra?  Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».  Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.  Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».  Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».  Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida.  El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

T:  Señor Jesús, aquí presentes frente a Ti, verdadero Pan del cielo, concédenos tu gracia para que nunca nos separemos de Ti, y siempre nos alimentemos del verdadero Pan del Cielo que sacia la sed de felicidad que hay en nuestros corazones. Amén

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 3: Alimento que da la Vida eterna

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Jn 6,51-58

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».  Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».  Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.  Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.  Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.  Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

T:  Postrados ante tu presencia real Señor, queremos una vez más, adorarte y bendecirte por tu entrega generosa. Tú que eres Dios, por sobre abundancia de amor te has quedado con nosotros como alimento que da la vida eterna. Haz que nosotros, agradecidos por tu infinita bondad, siempre estemos abiertos a acoger el don que Tú nos das.  Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 4: «¿Quién dice la gente que soy Yo?»

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Mt 16,13-16

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».  Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».  Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».  Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».  Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

T:  Te pedimos, oh Dios Eucaristía, que nos concedas la gracia necesaria para siempre reconocerte como el Mesías esperado y dar testimonio de Ti ante el mundo. Tú nos has llamado y convocado para que seamos luz en medio de las tinieblas. Que Tú sacrificio de amor nos enseñe a encarnar en nuestras vidas el horizonte de la vida cristiana. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 5: La Transfiguración

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Lc 9,28-35

Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar.  Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.  De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.  Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.  Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».  No sabía lo que decía.  Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra.  Se llenaron de temor al entrar en la nube.  Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».

T:  Oh Jesús, te pedimos que nos ayudes a tener ojos de fe que nos ayuden a reconocer en este sacramento el resplandor de tu divinidad. Y que con nuestra fe fortalecida demos testimonio de ti ante todos los hombres. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 6: Camino de Emaús

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Lc 24,25-32

Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas!  ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».  Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.  Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos.  Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.  A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.  Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

T:  Señor Jesús, Reconciliador nuestro, te pedimos nos ayudes, a no ceder ante el desánimo, la mentira y el engaño, y todo aquello que pueda nublar nuestro corazón y alejarnos de Ti y que aprendamos a reconocerte en tu palabra y en tus sacramentos. Y que nuestro corazón arda por anunciarte y dar testimonio de tu Amor a todos los hombres. Que así sea. Amén.

Se rezan 3 Glorias.  Oración personal en silencio.  Luego se continúa a la siguiente iglesia.


Visita 7: La misión que el Señor nos deja

D:  Sea por siempre Bendito y Alabado
T:  Mi Jesús Sacramentado

Lectura       Mt 28,18-20

Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.  Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Meditación

Al finalizar nuestro recorrido recordemos las palabras del San Juan Pablo II: «La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza».  «Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial».

T:  Oh Dios Eucaristía, queremos recorrer junto contigo el camino de la salvación. Permítenos, en compañía de Santa María, la Inmaculada Dolorosa, estar siempre junto a Ti para gozar de los frutos de la reconciliación. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Se rezan 3 Glorias. Oración personal en silencio unos momentos.