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El héroe en la obra de Saint-Exupéry

El héroe en la obra de Saint ExuperyOscar Tokumura

Antoine de Saint-Exupéry es universalmente conocido por su entrañable obra El principito, pero se sabe relativamente poco de los contenidos y valores de sus otros libros, no tan famosos como el anteriormente mencionado. Se admira del autor francés el valor que concede a la interioridad, a lo esencial de la existencia, a la amistad y a otras cosas bellas, pero todas estas realidades implican una base antropológica que, por implícita, pasa muchas veces por desconocida. El libro de Óscar Tokumura, El héroe en la obra de Saint-Exupéry, sale al paso de esta carencia y analiza una figura que seguramente cuestiona y apela mucho en todo tiempo: la del héroe como modelo de ser humano en plenitud. Como bien dice la presentación del libro, «el héroe resulta ser nada más y nada menos que “el hombre”: hombre en desarrollo y que va alcanzando etapas de madurez y a veces cimas inesperadas; a las que sin saberlo se sentía llamado y para las cuales, sin saberlo, se estaba preparando» (p. 16).

La obra está dividida en ocho partes. Descontando el prólogo y la introducción, el marco teórico presenta las coordenadas en que se va a desarrollar la temática del libro, y que el autor sintetiza así: «Lo peculiar de tal héroe (según Saint-Exupéry) es que entrelaza una vida de eminente acción y una aguda capacidad contemplativa ante la realidad» (p. 19). Por tanto, el héroe representa una síntesis entre contemplación y acción, y pasa Tokumura a definir estos conceptos.

La cuarta parte, titulada «El héroe», describe las etapas de la vida heroica (elección, iniciación, formación, misión, muerte) y las virtudes del héroe (responsabilidad, magnanimidad, humildad, seriedad, fortaleza, capacidad de sacrificio, etc.), pintando así una imagen de ser humano muy elevada, pero al mismo tiempo muy cercana. Es lo que Saint-Exupéry encontraba en sus camaradas y lo que él mismo vivía, lo que muestra que el héroe es la presencia de lo extraordinario en lo ordinario.

En la quinta parte, «Síntesis de contemplación y acción», el autor se remite a los textos del escritor francés para resaltar la necesidad de contemplación presente en todo hombre, y evidencia que la carencia de esta virtud lleva a la ceguera ante los seres y, en definitiva, ante la realidad. La acción —el otro referente de la experiencia del héroe— se entiende y se vive correctamente desde la verdad que se contempla y desde el amor que se quiere gozar. Pero se trata de una acción que no se queda en sí misma, sino que se abre a lo trascendente y por eso, en la sexta parte, Tokumura resalta la búsqueda de sentido que supone la contemplación activa y que lleva al ser humano más allá de sí mismo, allí donde radica la respuesta a la pregunta que es su misma existencia. Hay un intento de respuesta a lo que es el hombre, y que está plasmado desde diversas ideologías, antropologías y filosofías reductivas e inmanentistas, todas ellas ciertamente erradas porque niegan al ser humano su identidad, aquello que lo hace único e irrepetible. Por el contrario, una correcta visión del hombre, tal como desarrolla Tokumura en el párrafo «Un humanismo auténtico» (p. 141), lleva al reconocimiento de su misterio espiritual, de su cualidad de ser-para-el-encuentro, y en todo esto, de la grandeza que posee, y que como el mismo Saint-Exupéry reconoce, viene del hecho de haber sido creado a imagen de Dios. Las Conclusiones, séptima parte de la obra, redondean la reflexión presente en esta obra.

El bello libro de Óscar Tokumura conmueve desde lo profundo del ser porque hace un llamado a lo que somos y a lo que debemos ser, cosa que en principio no puede ni debe dejar a nadie indiferente. Desde nuestra perspectiva de fe, estamos invitados a ser héroes, y eso es precisamente la santidad, que como afirma el Concilio Vaticano II es una vocación universal, y que se vive —como describe Saint-Exupéry— en lo cotidiano y por personas comunes, que por su experiencia de acción y contemplación pueden alcanzar la conformación con el Señor Jesús, modelo perfecto de ser humano y —por qué no— el Héroe que todos hemos de encarnar.

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