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El camino de la santidad

El camino de la santidadIgnacio Blanco E.

«La vida en este mundo es un paso que debe hacerse camino de santidad» (p. 9), anota en la introducción el autor de esta obra, Ignacio Blanco. Se trata de un pequeño libro, escrito en un lenguaje sencillo y pastoral, lleno de indicaciones prácticas, que tiene como objetivo recordarnos precisamente que todos estamos llamados a la santidad, así como avivar nuestro deseo de avanzar con alegría y entusiasmo por este camino de realización.

La obra comienza con dos capítulos dedicados a la santidad como vocación. En el primero se afronta la llamada universal a la santidad, que es «el horizonte de la vida cristiana al que todos somos invitados» (p. 11). Desde las palabras del Señor Jesús en el Sermón de la Montaña, hasta el magisterio del actual Sumo Pontífice, se nos recuerda que este horizonte no es sólo para algunos, y que los santos no son únicamente los que han sido elevados a los altares o los que tienen carismas extraordinarios, sino que cada uno de nosotros, desde nuestra situación particular, estamos invitado a realizarnos plenamente siguiendo al Señor, y en esto consiste la santidad.

La consecución de ésta, sin embargo, se plasma en una vocación concreta, «se actualiza para cada uno en la propia existencia en una vocación específica» (p. 19). Y éste es el tema del segundo capítulo, «Santidad y vocación». Es preciso por ello hacer un buen discernimiento de esta vocación específica, con apertura y confianza en Dios. De este modo, las exigencias de ella se convierten para quien está llamado a vivirlas en ese “yugo suave y ligero” del que habla Jesús y que constituye «el bien más grande para la propia felicidad y realización» (p. 24).

Los siguientes dos capítulos del libro describen la dinámica de nuestra respuesta a esta vocación a la santidad: del deseo y ardor por ser santos a la cooperación libre y coherente con la gracia. Se parte del querer ser santos, de desearlo sinceramente, siendo conscientes y alimentando aquel «impulso interior que nos lanza en la búsqueda de lo realmente valioso» (p. 28). En esta búsqueda no faltan ciertamente obstáculos, que el autor repasa brevemente. En el cuarto capítulo se nos recuerda que la santidad es obra de Dios, quien derrama su gracia con generosa abundancia en nuestra vida; esta obra, sin embargo, no se realiza sin nuestra libre cooperación. Se subraya así la necesidad de ser diligentes en esta respuesta a la gracia, con medios adecuados, con coherencia y acciones concretas.

«El que no avanza, retrocede», reza el título del quinto capítulo, que es una invitación a mirar con realismo evangélico siempre hacia delante, poniendo los ojos en la meta, como recomienda San Pablo, evitando así cualquier tentación de quedarse en uno mismo, en los logros alcanzados o en las dificultades experimentadas. Y con el mismo objetivo de alentar una sana “estrategia espiritual” en el sexto capítulo se destaca el gran valor de las cosas pequeñas. «Las obras cotidianas y humildes —afirma el autor—, hechas con reverencia y amor y ordenadas al Plan del Señor, son actos que dan gloria a Dios, son peldaños que nos van acercando a la gran meta: la conformación al Señor Jesús» (p. 63). Esta conciencia llevará asimismo a quien desea ser santo a ponerse objetivos concretos y asequibles, tomando en cuenta las circunstancias específicas en que se encuentra.

El texto nos conduce luego al fundamento de la santidad: tener los ojos puestos en el Señor Jesús, modelo y horizonte de conformación de todo cristiano. Seguir al Maestro, vivir como Él, pensar, sentir y actuar como Él, es recorrer el camino que lleva al ser humano a decir con San Pablo: «Vivo yo, mas no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20), y a transformar revolucionariamente la historia, con la convicción de que «sólo los santos cambiarán el mundo» (p. 76). El último capítulo nos invita a ponernos bajo el manto maternal de Santa María, con confianza y amor de hijos, sabiendo que Ella, la primera y más perfecta discípula de Jesús, nos educa para que alcancemos también nosotros la estatura de su Hijo.

La obra de Ignacio Blanco constituye un precioso aliento para todo cristiano que desee tomarse en serio la invitación del Señor. Para quien da sus primeros pasos en el camino de la maduración cristiana, este libro ofrece las nociones básicas del combate espiritual, enriquecidas con ejemplos y citaciones esenciales de maestros de la Tradición eclesial. Para quien ha ya caminado un trecho siguiendo los pasos de Jesús, representa una vuelta a lo esencial —que tantas veces se pierde de vista a lo largo del camino—, y una oportunidad de renovación en el amor primero a Aquel que sigue tocando a la puerta de nuestra vida y nos invita a nuestra plenitud.

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