Catequesis del miércoles Papa Francisco

Catequesis del Papa: «La vida cristiana es una vida que debe florecer: en las obras de caridad, en hacer el bien…»

Ciclo B – Cuaresma – Semana 05 – Miércoles
21 de marzo de 2018

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:30  en la Plaza de San Pedro  donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Santo Padre, prosiguiendo la catequesis sobre la santa misa y en el ámbito de la Liturgia Eucarística ha hablado hoy de la Comunión (Jn 6, 54-55).

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes y, sucesivamente, ha anunciado su viaje a Dublín con motivo del IX Encuentro Mundial de las Familias.

La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la  bendición apostólica.

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Y hoy es el primer día de la primavera: ¡buena primavera! ¿Pero qué pasa en primavera? Las plantas florecen, los árboles florecen. Os haré algunas preguntas. Un árbol o una planta enfermos, ¿florecen bien si están enfermos? ¡No! Un árbol, una planta que no es regada por la lluvia o artificialmente, ¿puede florecer bien? No. Y un árbol y una planta de la que se han arrancado las raíces o que no tiene raíces, ¿puede florecer? No. Pero sin raíces, ¿ se puede florecer? ¡No! Y este es un mensaje: la vida cristiana debe ser una vida que debe florecer en obras de caridad, en hacer el bien. Pero si no tienes raíces, no podrás florecer, y la raíz ¿quién es? Jesús! Si no estás con Jesús, allí, en la raíz, no florecerás. Si no riegas tu vida con la oración y los sacramentos, ¿tendrás flores cristianas? ¡No! Porque la oración y los sacramentos riegan las raíces y nuestra vida florece. Os deseo que esta primavera sea una primavera florida para vosotros, como será la Pascua florida. Florida de buenas obras, de virtud, de hacer el bien a los demás. Recordad  esto, este es un verso muy hermoso de mi país: “Lo que el árbol tiene de flor, viene de lo que tiene enterrado”. Nunca cortéis las raíces con Jesús.

Y continuemos ahora con la catequesis de la santa misa. La celebración de la misa, de la que estamos recorriendo los  varios momentos, se ordena a la Comunión, es decir a unirnos con Jesús. La comunión sacramental, no la comunión espiritual, que puedes hacer en casa diciendo: “Jesús, yo querría recibirte espiritualmente”. No, la comunión sacramental, con el cuerpo y la sangre de Cristo. Celebramos la Eucaristía para alimentarnos de Cristo, que se nos da tanto en la Palabra como en el Sacramento del altar, para conformarnos a él. Lo  dice el Señor mismo: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él” (Jn 6:56). Efectivamente, el gesto de Jesús  que dio a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre en la Última Cena, continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y del diácono, ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la vida y del Cáliz de la salvación.

En la misa, después de haber partido el Pan consagrado, es decir, el cuerpo de Jesús, el sacerdote lo muestra a los fieles, invitándolos a participar en el banquete eucarístico. Conocemos las palabras que resuenan en el altar sagrado: “Bienaventurados los invitados a la Cena del Señor: este es el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”. Inspirado por un paso del Apocalipsis – “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero” (Ap 19,9): dice “bodas” porque Jesús es el esposo de la Iglesia, – esta invitación nos llama a experimentar la unión íntima con Cristo, fuente de alegría y santidad. Es una invitación que alegra y al mismo tiempo empuja a un examen de conciencia iluminado por la fe. Si, por un lado,  vemos la distancia que nos separa de la santidad de Cristo, por otra, creemos que su Sangre es “derramada para la remisión de los pecados”.  Todos nosotros hemos sido perdonados en el bautismo, y todos nosotros somos perdonados o seremos perdonados cada vez que nos acercamos al sacramento de la penitencia. Y ¡no lo olvidéis! Jesús perdona siempre. Jesús no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Precisamente pensando en el valor salvífico de esta Sangre, San Ambrosio exclama: “Yo que siempre peco, siempre debo disponer de la medicina” (De sacramentis, 4, 28: PL 16, 446A). En esta fe, también nosotros dirigimos la mirada al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y le invocamos: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Esto lo decimos en cada misa.

Si somos nosotros los que vamos en procesión para hacer la Comunión, nosotros vamos en procesión hacia el altar para comulgar,  en realidad es Cristo quien viene a nosotros para asimilarnos a él. ¡Hay un encuentro con Jesús!. Alimentarse de la Eucaristía significa dejarse cambiar en cuanto recibimos. San Agustín nos ayuda a entenderlo, cuando nos habla de la luz que recibió cuando sintió que Cristo le decía: “Yo soy el alimento de los grandes. Crece, y me comerás. Y no serás tú el que me transformará en ti, como el alimento de tu carne; sino que tú serás transformado en mí”(Confesiones VII, 10, 16: PL 32, 742). Cada vez que comulgamos, nos asemejamos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Así como el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor, del mismo modo los que los reciben con fe se transforman en Eucaristía viviente. Al sacerdote que, cuando  distribuye  la Eucaristía, te dice: “El Cuerpo de Cristo”, tu respondes: “Amén”, es decir, reconoces la gracia y el compromiso que conlleva convertirse en el Cuerpo de Cristo.  Porque cuando tu recibes la Eucaristía te vuelves cuerpo de Cristo. ¡Es hermoso esto; es muy hermoso! Al mismo tiempo que nos une a Cristo, arrancándonos de nuestro egoísmo, la Comunión nos abre y nos une a todos aquellos que son uno en Él. Este es el prodigio de la Comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!

La Iglesia desea fervientemente que los fieles también reciban el Cuerpo del Señor con las hostias consagradas en la misma misa; y el signo del banquete eucarístico es más completo si la santa Comunión se hace bajo las dos especies, aun sabiendo que la doctrina católica enseña que también bajo una sola  de las dos especies se recibe a  Cristo todo e íntegro (cf. Instrucción General del Misal Romano, 85; 281-282). Según la práctica eclesial, el fiel se acerca a  la Eucaristía normalmente en forma de procesión, como hemos dicho,  y comulga de pie con devoción, o de rodillas, tal como establece  la Conferencia Episcopal, recibiendo el Sacramento en la boca o, donde haya sido concedido, en la mano, según desee (ver OGMR, 160-161). Después de la Comunión, nos ayuda a custodiar  en nuestros corazones el don recibido el silencio, la oración silenciosa. Alargar un poco ese momento de silencio, hablando con Jesús en el corazón nos ayuda mucho, así como un salmo o un himno de alabanza IGMR, 88)que nos ayude a estar con el Señor.  (véase IGMR, 88).

La Liturgia Eucarística se concluye con la oración después de la Comunión. En ella, en nombre de todos, el sacerdote se dirige a Dios para agradecerle de habernos hecho invitados suyos y para pedir que lo que se ha recibido transforme nuestra vida. La Eucaristía nos hace fuertes para dar frutos de buenas obras y para vivir como cristianos. Es significativa la oración de hoy, en la que  pedimos al Señor que “el sacramento que acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure tu constante protección” (Misal Romano, miércoles de la 5ª semana de Cuaresma) . Acerquémonos a la Eucaristía: recibir a Jesús que nos transforma en Él nos hace más fuertes. ¡Qué bueno y qué grande es el Señor!.

Saludos en las diversas lenguas

Saludos en francés

Saludo cordialmente a los peregrinos francófonos, especialmente a los jóvenes de Suiza y Francia. Cuando ya se acerca la Pascua, os invito a fortalecer vuestro fervor, incluida la participación activa en la misa y la caridad fraterna, para que la gracia de la resurrección transforme realmente vuestras vidas. ¡Qué Dios os bendiga!

Saludos en inglés

Saludo a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente los de Gales, Irlanda, Noruega, Japón y  Estados Unidos de América. Saludo en particular a los peregrinos irlandeses que acompañan al icono del Noveno Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Dublín el próximo agosto. Con fervientes deseos de que esta Cuaresma sea un tiempo de gracia y renovación espiritual para vosotros y vuestras familias, invoco sobre todos vosotros el gozo y la paz del Señor Jesús. ¡Dios os bendiga!

Saludos en alemán

Una cordial bienvenida a los peregrinos de habla alemana. Entre vosotros saludo a los muchos estudiantes presentes en esta audiencia, en particular a los del Gymnasium Haus Overbach de Jülich que celebran el centenario de su fundación. Nunca lo olvidéis: en la Sagrada Eucaristía, el Señor está presente, ¡para vosotros! Dios os bendiga a todos.

Saludos en español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Exhorto a la comunión frecuente, haciendo presente el misterio de amor que se encierra en el Sacramento, para que la unidad con Cristo y con su Iglesia se manifieste en nuestro actuar cotidiano y testimonie nuestra vida nueva en Cristo. Gracias.

Saludos en portugués

Queridos amigos de lengua portuguesa,  que hoy tomáis parte en este encuentro, gracias por vuestra presencia y sobre todo por vuestras oraciones. Os saludo a todos, en particular  a los estudiantes, maestros y familias de  los colegios Pedro Arrupe y Senhora da Boa Nova, deseando que la peregrinación a la tumba de los santos apóstoles Pedro y Pablo refuerce, en vuestros corazones, el sentir y el vivir en la Iglesia, bajo la tierna mirada de la Virgen Madre. Sobre vosotros y vuestras familias descienda la bendición del Señor.

Saludos en árabe

Una cordial bienvenida a los peregrinos de lengua árabe, especialmente a los de Oriente Medio. Queridos hermanos y hermanas, en la Eucaristía Jesús sale nuestro encuentro para asimilarnos; dejémonos transformar por el Señor en Eucaristía viva y reconozcamos la gracia y el compromiso que implica convertirse en Cuerpo de Cristo. ¡El Señor os bendiga!

Saludos en polaco

Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. Queridos hermanos y hermanas, nuestra participación en la Santa Misa es plena cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor en la comunión eucarística. Esta es la unión más profunda con Cristo. Se entrega a nosotros, pecadores, como alimento que sana, llena de santidad y nos permite vivir la vida de Dios mismo. ¡Tomad este alimento, para que os colme de santidad! Os bendigo de todo corazón.

Saludos en italiano

Doy una cordial bienvenida a los fieles de la lengua italiana.

Me complace recibir a los  Hermanos de la Instrucción Cristiana de Ploermel, con ocasión de su Capítulo General, a los religiosos que asisten al curso de formación de USMI, a  los miembros del Movimiento de los Focolares y a los grupos parroquiales, especialmente los de Viterbo y Sant’Andrea del Pizzone. ¡Que la peregrinación a la Sede de Pedro os ayude a cultivar la sabiduría que solo Dios puede dar!.

Saludo a los participantes en la Conferencia para los familiares de los caídos en operaciones en misiones de apoyo a la paz- estos son héroes- : ¡Héroes de la Patria y  héroes de la humanidad! Gracias, acompañados por el Ordinario Militar de Italia, Mons. Santo Marcianò, a la Federación Nacional de Consorcios de Bacino Imbrifero Montano, a  la Federación Nacional Cooper y a  los grupos de estudiantes, especialmente los de Roma, Solofra y Prato. Os deseo que  llevéis a cabo un servicio alegre y generoso para el bien común.

Un pensamiento especial para los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Estamos concluyendo el tiempo de gracia de la Cuaresma. No os canséis de pedir el perdón de Dios en la  confesión y en vuestros sufrimientos uníos aún más a los de la cruz de Cristo, compitiendo en el perdón y la ayuda mutua.

Anuncio del viaje a Dublín para el Encuentro Mundial de las Familias

Con motivo del próximo encuentro mundial  de las  familias, tengo la intención de ir a Dublín el 25 y 26 de agosto de este año. Doy las gracias desde ahora a las autoridades civiles, a los obispos, al obispo de Dublín y a todos los que colaboran para preparar este viaje. ¡Gracias!