Oración

EL ROSTRO – Nuestra Señora de la Reconciliación

+  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Rostro

Iniciamos nuestra oración invocando la presencia del Espíritu Santo, rezando el himno de la p. 111 o cantando:

Ven Espíritu Santo

VEN, ESPÍRITU SANTO,
VEN A ILUMINAR
NUESTRA INTELIGENCIA,
Y A PRESERVARNOS DEL MAL.

  1. Tú, promesa del Padre,
    don de Cristo Jesús,
    ven y danos tu fuerza
    para llevar nuestra cruz.
  2. Haz que cada cristiano,
    bajo tu inspiración,
    sea testigo de Cristo
    con la palabra y la acción.

Meditamos

El rostro dulce y sereno de la Inmaculada nos muestra a la Mujer Victoriosa.

Sabemos que después del pecado original cometido por nuestros primeros padres, Dios prometió a la Mujer y su linaje —sus hijos— la victoria sobre el Maligno y sus obras.  Fue ese pecado el que introdujo en el mundo el mal, la enfermedad y la muerte.  Dios ha realizado su victoria por medio del Señor Jesús, quien nos ha traído la reconciliación y ha vencido al pecado.  Él, por su Encarnación, Vida, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión, ha sanado la ruptura y nos ha devuelto a la amistad con Dios.  Él nos ha obtenido la reconciliación.

Vemos también que María tiene el Corazón atravesado por una espada.  Asoma el misterio del dolor.  Pero sabemos que Ella no desfallece ante el sufrimiento, no se rinde ante el dolor, pues lo asume con la luz y la fuerza de la reconciliación.  La imagen de María Inmaculada y Dolorosa nos manifiesta el triunfo del Reconciliador y nos recuerda la profecía hecha por el anciano Simeón: «Y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lc 2,51).

Rezamos

Dulce Santa María:

Tu rostro nos invita a vivir con cristiana alegría nuestra vida de cada día.  Tu dulzura y serenidad nos alienta a responder al llamado a ser santos, a dejarnos conformar a tu Hijo por el Espíritu Santo.  Te pedimos que intercedas por nosotros y nos ayudes a crecer en una mirada de fe.  Que esa fe nutra nuestra esperanza y encienda en nuestro corazón la caridad.

Obténnos, Madre buena, una grandeza interior y una fortaleza como la tuya, la serenidad en los momentos difíciles, la acogida y el recuerdo de los momentos de gozo, y cuanto necesitemos para vivir con docilidad y apertura a los planes de Dios las experiencias de alegría y dolor que se presenten en nuestra vida.  Amén.

Rezamos

Manifestación de ternura

Sabemos de tus desvelos
por nuestro bien andar;
¡oh Madre amorosa!,
te pedimos
los manifiestes ante nosotros
con esa ternura de siempre.
Amén.

Elevamos nuestras peticiones (momento para decir intenciones libres)

Hacemos, si lo deseamos, en silencio, un ofrecimiento o un compromiso sencillo que nos ayude a llevar a la práctica lo que hemos meditado y rezado.
(momento breve en silencio)

Rezamos un Padrenuestro, tres Avemarías y un Gloria.

T:  En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.