Mi vida en Xto

Oración del viernes: «¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 16 – Viernes
24 de julio de 2020

Campo

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

En este día, Señor, quiero crecer en amor y en confianza en Ti. Sé que cuando estoy a tu lado, voy por el buen camino. Pero quisiera vivir cada vez más cerca Tuyo, porque nos has creado para la comunión y la amistad contigo y sé que mi corazón está sediento de Ti. Que este momento de oración me ayude a conocerte mejor y alimentarme de tu Palabra.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Padre Bueno y Misericordioso, reconozco que muchas veces tomo caminos equivocados que me alejan de Ti. Confío en que tu perdón es siempre más grande que mis pecados. Ayúdame también a saber perdonar y a vivir aquello que me pides: “quiero misericordia y no sacrificios”.

Lectura Bíblica

“El que recibe la semilla en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende” Mt 13,18-23

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio.

Hoy Jesús nos explica la parábola del sembrador. Y nos va a mencionar el primer tipo de tierra, la que está al borde del camino, esta semilla no entra en la tierra, porque es tierra dura, vienen las aves y se las comen. Dice Jesús que estos son los que oyen la Palabra de Dios, pero no la entienden. Es que no basta oír la palabra, Jesús quiere que tratemos de entender. Cuántas veces escuchamos las cosas de Dios, pero qué poco interés le prestamos, qué poco profundizamos y las cosas de Dios nos aburren, las escuchamos con desgano y claro no entendemos nada.

La otra semilla es la que cae entre terreno con piedras, es decir, tierra con poca profundidad. La semilla prende, pero en la superficie. Son los que escuchan la Palabra de Dios, al comienzo se entusiasman un montón, están dispuestos a todo. Pero creen que esto va a ser fácil y rápido. No rezan, no se forman, no se comprometen. Y por falta de raíz, cuando las cosas se ponen difíciles, abandonan, se desaniman.

Y hay una tercera parte de las semillas que caen en tierra con espinas. Son los que sí entienden, también están dispuestos a perseverar, quieren tener a Dios en el corazón, pero están tan apegados a las cosas del mundo. Están con el corazón dividido. Quieren llegar a Dios, pero Él no es su meta más importante. Están con un pie en la vida cristiana, pero con el otro pie en el mundo.

Y hay una cuarta parte. La que cae en tierra buena. No es tierra perfecta, pero es el que busca entender, a pesar de sus caídas, se pone de pie y persevera y que está luchando por amar a Dios, realmente sobre todas las cosas. La semilla que cae en tierra bien dispuesta crece y da muchos frutos y alcanza para compartir con los demás.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Señor Jesús, gracias porque sales a mi encuentro para saciar mi hambre de infinito. Sólo Tú eres capaz de llenar mi sed de felicidad. Quiero compartir esta gran alegría con todos los que me rodean. Ayúdame a vivir la caridad con los demás dando testimonio de tu amor y misericordia, y anunciándote como el único alimento que sacia todos nuestros anhelos. Amén

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, 
vida, dulzura y esperanza nuestra. 

Dios te salve. 

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, 
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. 

Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, 
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, 
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, 
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.