Mi vida en Xto Pascua

Oración del viernes: «El que me coma vivirá por Mí»

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+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, verdadero Pan de vida, ayúdame a permanecer en tu Presencia en esta oración para poder meditar en tu palabra de vida eterna.

 

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Señor, tengo hambre de Ti, pero a veces cedo ante las ofertas del mundo, de mi hombre viejo, del Maligno, que, en vez de satisfacerme, me dejan vacío. Te pido perdón con corazón sincero. Nútreme con el alimento de tu Cuerpo y fortaléceme en mi combate, que por mis propias fuerzas no puedo alcanzarte.

 

Lectura Bíblica: Jn 6,52-59

Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

 

Lectura espiritual breve

Meditemos el comentario de San Juan Pablo II:

La eficacia salvífica del sacrificio se realiza plenamente cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Señor. De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión: le recibimos a Él mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que Él ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, «derramada por muchos para perdón de los pecados» (Mt 26,28). Recordemos sus palabras: «Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí» (Jn 6,57). Jesús mismo nos asegura que esta unión, que Él pone en relación con la vida trinitaria, se realiza efectivamente. La Eucaristía es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jesús anuncia por primera vez esta comida, los oyentes se quedan asombrados y confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus palabras: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros» (Jn 6,53). No se trata de un alimento metafórico: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida» (Jn 6, 55).

 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

 

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias, Señor, porque me alimentas con el Pan de Vida que es la Eucaristía, y no dejas de donarme un sinnúmero de gracias abundantes en mi vida cristiana, en mi oración, en mi camino hacia la santidad y en mi apostolado. Ayúdame, Buen Jesús, a que mi amor sea incondicional, auténtico, abundante. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

 

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Reina del Cielo, alégrate, aleluya, porque el Señor, a quien llevaste en tu seno, ha resucitado, según su palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros, aleluya. Amén.

 

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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