Mi vida en Xto

Oración del sabado: “¿Quién es mi prójimo?”

Ciclo C – Tiempo Ordinario – Semana 19 – Sábado
19 de agosto de 2019

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.

Oración inicial

Jesús, creo profundamente en Ti y sé que eres la luz que ilumina mi existir. Te pido al iniciar esta oración, que me ayudes a tener el silencio interior para escuchar tu voz de amigo verdadero y así, pueda caminar tus caminos que me llevarán a la felicidad eterna.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor, soy consciente de que muchas veces escojo mal mis caminos y opto por alejarme de Ti. Te pido perdón de todo corazón. Sé que Tú eres como el Buen Samaritano y no te asustarás con mis heridas y rupturas, sino que me curarás con tu amor y me llevarás a la casa del Padre.

Lectura Bíblica según el Evangelio del día

“¿Quién es mi prójimo?” Lc 10,25-37

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?”. Jesús le preguntó a su vez: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”. El le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo”. “Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida”. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: ‘Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver’. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”. “El que tuvo compasión de él”, le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: “Ve, y procede tú de la misma manera”.

Lectura espiritual breve

Lee el siguiente comentario que te puede ayudar:

¿Quién es mi prójimo? Le preguntó un doctor de la Ley a Jesús y, de algún modo, nos pregunta a nosotros… ¿Quién es tu prójimo? Muchas veces tomamos este mandamiento de un modo genérico y nos cuesta entender que el prójimo es alguien concreto, son personas concretas en la propia vida. 

Prójimo tiene como origen el ser “próximo”, el más cercano. Muchas veces creemos que el mandamiento del amor nos envía a amar a personas que están lejos de nosotros, y que están viviendo situaciones de dificultad. Ciertamente eso no tendría nada de malo, pero siempre es importante “comenzar por casa”. Y curiosamente muchas veces es en la propia “casa” donde nos concedemos tener divisiones y resentimientos, y afuera de la casa vivimos como si nada pasara. El Señor nos invita a vivir el amor con radicalidad. Comencemos por los que tenemos más cerca y vayamos viviéndolo con las personas que el Señor ponga en nuestro camino. 

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

¿Quién es mi prójimo hoy?

¿Qué actos concretos hago para amar a mi prójimo?

¿Cómo puedo crecer en mi amor al prójimo?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor porque me has concedido este momento de oración, de encuentro contigo. Ayúdame a ser como el Buen Samaritano con todos aquellos que están alejados de Ti y más necesitan de tu amor. Que nunca tema acercarme a ellos y siempre salga a su encuentro con un corazón sincero y generoso.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Termina esta oración rezándole a María:

Salve, Reina de los Cielos 
y Señora de los ángeles; 
salve raíz, salve puerta, 
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, Virgen gloriosa, 
entre todas la más bella; 
salve, agraciada doncella, 
ruega a Cristo por nosotros.
Que con el auxilio de tan dulce intercesora,
seamos siempre fieles en el terreno caminar. 
Amén

+  En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.