Mi vida en Xto

Oración del sábado: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 12 – Sábado
1° de julio de 2017

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, Tú que has venido para servir y no para ser servido, ayúdame a tener un corazón dócil como el tuyo, para ser permeable a tu palabra y así poder conformarme contigo y ser un servidor de tu amor ante el mundo.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Buen Jesús, Tú que has venido a traer el perdón a los pecadores, que viniste para estar con los enfermos y los necesitados, acoge en tu perdón a este hermano tuyo. Me presento ante ti frágil y pecador, necesitado de tu abrazo de amor, con la plena conciencia que no soy perfecto, que he caído, que he faltado en obra y omisión, pero confiado en tu misericordia de todo corazón te pido perdón.

Lectura Bíblica

«Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe» (Mt 8,5-17)

Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole»: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente». Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo». Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: «Ve», él va, y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «Tienes que hacer esto», él lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes». Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento. Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: “El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades”.

Lectura espiritual breve

Meditemos con estas palabras de San Juan Pablo II

Aunque Jesús afirma claramente que su misión está ligada a la “casa de Israel”, al mismo tiempo, da a entender, que la doctrina predicada por Él —la Buena Nueva— está destinada a todo el género humano. Así, por ejemplo, refiriéndose a la profesión de fe del centurión romano, Jesús preanuncia: “Y os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos…” (Mt 8,11). Pero, sólo después de la resurrección, ordena a los Apóstoles: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19). ¿Cuál es el contenido esencial de la enseñanza de Jesús? Se puede responder con una palabra: el Evangelio, es decir, Buena Nueva. En efecto, Jesús comienza su predicación con estas palabras: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,15). El término mismo “Buena Nueva” indica el carácter fundamental del mensaje de Cristo. Dios desea responder al deseo de bien y felicidad, profundamente enraizado en el hombre. Se puede decir que el Evangelio, que es esta respuesta divina, posee un carácter “optimista”. Sin embargo, no se trata de un optimismo puramente temporal, un eudemonismo superficial; no es un anuncio del “paraíso en la tierra”. La “Buena Nueva” de Cristo plantea a quien la oye exigencias esenciales de naturaleza moral; indica la necesidad de renuncias y sacrificios; está relacionada, en definitiva, con el misterio redentor de la cruz. Efectivamente, en el centro de la “Buena Nueva” está el programa de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-11), que precisa de la manera más completa la clase de felicidad que Cristo ha venido a anunciar y revelar a la humanidad, peregrina todavía en la tierra hacia sus destinos definitivos y eternos.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Señor por amarnos tanto y por dar tu vida en rescate por nosotros. Ayúdame Buen Jesús a no caer en el espejismo de las ansias de poder, de éxito y de gloria mundana; sino que siguiendo tu ejemplo de amarnos hasta el extremo, yo también pueda servir a mis hermanos sin buscar una gloria terrena, sino que sólo busque la alegría y felicidad de tu vida eterna.  Amén

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.