Mi vida en Xto

Oración del sábado: «El hijo del hombre es dueño del sábado»

Año C – Tiempo Ordinario – Semana 22 – Sábado
07 de setiembre de 2019

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Bueno, quiero ponerme en tu presencia. Te pido que me ayudes a hacer silencio en mi interior. Haz Señor, que mis oídos se abran a tu palabra para que, oyendo tu voz, pueda seguirte siempre por el camino de la verdad.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Tú dijiste, Señor, que hay en el Cielo más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Hoy con humildad quiero reconocer frente a ti que soy un pecador, y que necesito de tu misericordia. Sé que tu perdón me sana, me reconcilia y me eleva a una vida de amistad cada vez más grande contigo. Ayúdame a dejar de lado todo aquello que me aparta de Ti.

Lectura Bíblica: Lc 5,33-39

«El hijo del hombre es dueño del sábado»Lc 6,1-5

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?». Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?». Después les dijo: «El hijo del hombre es dueño del sábado».

Lectura espiritual breve

Lee esta breve reflexión del Papa San Juan Pablo II:

Finalmente hay que recordar la respuesta que dio Jesús a los fariseos que reprobaban a sus discípulos el que arrancasen las espigas de los campos llenos de grano para comérselas en día de sábado, violando así la Ley mosaica. Primero Jesús les cita el ejemplo de David y de sus compañeros, que no dudaron en comer los «panes de la proposición» para quitarse el hambre, y el de los sacerdotes que el día de sábado no observan la ley del descanso porque desempeñan las funciones en el templo. Después concluye con dos afirmaciones perentorias, inauditas para los fariseos: «Pues yo os digo, que lo que hay aquí es más grande que el templo…»; y «El Hijo del Hombre es señor del sábado» (Mt 12,6.8; ver Mc 2,27-28). Son declaraciones que revelan con toda claridad la conciencia que Jesús tenía de su autoridad divina. El que se definiera «como superior al templo» era una alusión bastante clara a su trascendencia divina. Y proclamarse «señor del sábado», o sea, de una Ley dada por Dios mismo a Israel, era la proclamación abierta de la propia autoridad como cabeza del reino mesiánico y promulgador de la nueva Ley. No se trataba, pues, de simples derogaciones de la Ley mosaica, admitidas también por los rabinos en casos muy restringidos, sino de una reintegración, de un complemento y de una renovación que Jesús enuncia como inacabables: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24,35). Lo que viene de Dios es eterno, como eterno es Dios.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Me estoy esforzando por ser coherente con las enseñanzas del Evangelio?

2.- ¿Trato de mostrar por medio de mis actos que soy cristiano en mi vida cotidiana? ¿O por el contrario me avergüenzo de ser cristiano por el temor a ser rechazado?

3.- ¿Qué me pide el Señor para ser un mejor “odre” en este momento de mi vida?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús porque el inmenso amor que me tienes y por todas las bendiciones que constantemente me concedes. Gracias Jesús porque este momento de oración en tu presencia ha sido un verdadero regalo para mí. Ayúdame a mirar siempre lo esencial de la vida cristiana, y no quedarme en cosas externas que sólo me alejan del camino de la verdadera caridad que es el que quieres para mí. Amén.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Salve, Reina de los Cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, Virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

D: Que con el auxilio de tan dulce intercesora,

T: seamos siempre fieles en el terreno caminar. Amén

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.