Mi vida en Xto

Oración del miércoles: «Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea»

Ciclo A – Tiempo Ordinario – Semana 22 – Miércoles
2 de septiembre de 2020

Abuelita Suegra

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Jesús, al iniciar este breve momento de oración quiero ponerme en tu presencia y ofrecerte toda mi vida. Gracias Señor por hacerme participe de tu misión. Amando a los demás y anunciándote es como alcanzo la felicidad. Ayúdame a que cada vez sea más generoso en mi entrega a los demás.

Acto penitencial

(Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día).

Señor Jesús, iluminado por tu presencia tengo que reconocer que muchas veces me guardo para mí mismo el tesoro de conocerte y entierro mis talentos. Te pido perdón de todo corazón y me confío a tu corazón misericordioso y de Buen Pastor.

Lectura Bíblica

«Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea» Lc 4,38-44

Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos. Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías. Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado». Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Lectura espiritual breve

Lee este breve texto del que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio:

Hoy vemos en el Evangelio dos actitudes muy distintas: Por un lado, unos que andaban buscando a Cristo, tanto lo deseaban que lo encontraron y querían retenerlo para que no se vaya. ¡Cuánto necesitaban del Señor! Y nos hace preguntarnos: ¿yo también busco a Jesús así? ¿Estoy hambriento, necesitado de Dios? A veces queremos una vida sin problemas, donde todo nos acomode. Pero la verdad es que cuando todo está muy fácil, nos vamos volviendo muy cómodos, poco valientes, egoístas. Nos olvidamos de cuan necesitados estamos de Dios.

Olvidamos que hay que estar buscando ávidamente a Jesús, si no, no podemos. Pero por otro lado había otros que veían a Jesús curar enfermos, expulsar demonios e imponer las manos, pero aún así, dudaban de su actuar y de su procedencia. Es que estaban tan satisfechos consigo mismos, que creían que no necesitaban de Dios. Tan cómodos, que su corazón se había endurecido. A lo máximo tenían curiosidad, pero no estaban dispuestos a dar el paso de creer. No caigamos en esto.

Miremos más bien a la suegra de Pedro. Estaba muy enferma y Jesús va, la cura y la salva. ¿Y a continuación qué hizo esta mujer? Se puso a servirle. Porque cuando descubrimos que Dios nos ha tocado con su amor, eso nos hace que también deseemos amar a los demás y salir al servicio del que nos necesita.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?

2.- ¿Cómo ilumina mi vida?

3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?

4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Te agradezco Señor por este momento de oración. Gracias por renovarme en mi ardor apostólico. Ayúdame a ser coherente con tu palabra y a anunciarte a mis hermanos, llevando la alegría del don de haberte encontrado.

(Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones).

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.