Mi vida en Xto

Oración del martes: «Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú»

 Año B – Tiempo Ordinario – Semana 15 – Martes

Juicio

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial

Señor Bueno, quiero ponerme en tu presencia. Te pido que me ayudes a encontrar silencio en mi interior, porque muchas veces el ruido de la vida no me deja escucharte. Haz Señor, que mis oídos se abran a tu palabra para que, oyendo tu voz, pueda seguirte siempre por el camino de la verdad.

Acto penitencial

Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.

Tú dijiste, Señor, que hay en el Cielo más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Hoy con humildad quiero reconocer frente a Ti que soy un pecador, y que necesito de tu misericordia. Sé que tu perdón me sana, me reconcilia y me eleva a una vida de amistad cada vez más grande contigo. Ayúdame a dejar de lado todo aquello que me aparta de Ti.

Lectura Bíblica: Mt 11,20-24

Entonces Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú».

Lectura espiritual breve

Lee esta breve reflexión que te ayudará a profundizar en el sentido del Evangelio:

En estas ciudades Jesús obró grandes milagros, sin embargo, acostumbradas a las bondades de Dios, volvieron a esconderse bajo el manto de su rutina. La rutina es aburrida pero cómoda. La rutina espiritual nos lleva a hacer siempre lo mismo, de la misma forma y de la misma manera. Uno ya sabe lo que tiene que hacer: ir a Misa los domingos, rezar un poco por la noche, confesarse de vez en cuando y con eso debería tener garantizada la salvación. Buscando lo mínimo sólo para cumplir exigencias externas se convierte la vida espiritual en una rutina, aburrida pero necesaria. Que nadie nos exija más que no estamos dispuestos a dar más. Por eso hay que pedirle al Señor que nos ayude a descubrir los milagros de cada día, desde que abrimos los ojos hasta que los volvemos a abrir al día siguiente. Tenemos que poner en nuestro corazón y en nuestra alma el espíritu de aventura, volver a ser descubridores y lanzarnos a gozar de las maravillas de Dios. La maravilla de cada Eucaristía, la misteriosa intimidad de cada Sagrario, las palabras de amor que, con María, lanzamos a Cristo en cada rosario, lo impresionante de la misericordia entrañable de Dios en cada confesión, la grandeza de ponerse de rodillas y siendo pequeños hacernos grandes. Saborear cada segundo “perdido” con otro viviendo la caridad, disfrutar de cuidar a un enfermo o de dejarse cuidar (que es mucho más difícil), saber sonreír cuando surge la dificultad o aceptar con agrado que se cambien nuestros planes. Saber decir en cada instante que sí al Espíritu Santo y saber decir que no a nuestro egoísmo. Todo esto, y muchas más cosas que sin duda se te ocurrirán, hacen que descubramos la maravilla de cada día y no caigamos nunca en la rutina, aunque siempre hagamos las mismas cosas. Tendremos cada día la labor de convertirnos y tendremos “¡vigilancia y calma!” cada día de nuestra vida.

Breve meditación personal

Haz silencio en tu interior y pregúntate:

1.- ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2.- ¿Cómo ilumina mi vida?
3.- ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4.- ¿Qué me falta para ser más como Él?

Acción de gracias y peticiones personales

Gracias Jesús por el inmenso amor que me tienes y por todas las bendiciones que constantemente me concedes. Gracias Jesús porque este momento de oración en tu presencia ha sido un verdadero regalo. No permitas que me acostumbre a tus bondades, teniendo siempre un corazón agradecido, para que nunca me canse de maravillarme por la grandeza de tus obras. Amén.

Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…

Consagración a María

Pidámosle a María que nos acompañe siempre:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las oraciones que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! Amén.

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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